Tribuna libre

Alfonso Sola Navas / Militante De UPyD

Un año de UPyD

EN los años 80, en una reunión del equipo de gobierno local de un pueblo del interior de Andalucía, el concejal de Cultura le reprochaba a otro edil, encargado del servicio de recogida de basuras, que en la puerta de su casa había un gato que llevaba varios días muerto, que empezaba a oler mal y estaba ya estupefacto. Así, estupefactos, como el gato de ese pueblo, hemos estado muchísimos ciudadanos ante la situación política de la legislatura anterior.

Los problemas ya se podían vislumbrar en la misma campaña electoral del Sr. Zapatero. Prometió solemnemente durante un mitin en Barcelona que todo lo que aprobase el Parlamento catalán lo aprobaría él después en el Congreso de los Diputados en Madrid. Los nacionalistas empezaron a frotarse las manos. Luego abrió el melón de las reformas estatutarias de todas las comunidades autónomas. Comenzaron a escucharse algunas propuestas peregrinas: Andalucía es una realidad nacional. Cataluña pidiendo privilegios, sus vecinos, los baleares y los valencianos, no se quedaban atrás. El agua empezó a ser motivo de enconamiento entre comunidades, etc. En fin, privilegios de unas sobre otras, que en realidad son privilegios de unos ciudadanos sobre otros. Los dos partidos políticos no nacionalistas (PP y PSOE), en las comunidades autónomas donde gobiernan, se han subido al carro de las reivindicaciones para tener cada vez más competencias, pareciéndose cada vez más a los partidos nacionalistas o separatistas por miedo a perder los votos. Al final España se va a convertir en un sudoku de calificación extremadamente difícil.

En el campo del terrorismo, cuando ETA estaba muy debilitada, lo más cerca de la derrota que ha estado nunca, se le ofreció una negociación política, al principio negada y luego reconocida por todos. De golpe, ETA y con ella el resto de los nacionalistas, tenían la oportunidad de conseguir aquello que con las armas durante 40 años no habían logrado. En el interior de cada español decente se levantó una ola de indignación, los familiares de las víctimas, enrabietados ante la inutilidad de tantas vidas rotas por los asesinos etarras. Nadie negaba que se tenían que producir contactos, pero para la entrega de la armas, no para una negociación política vergonzante.

Por otro lado, la situación política era cada vez más crispada. El Partido Popular, no repuesto todavía ante su inesperada derrota electoral, intentaba bloquear el funcionamiento de las instituciones (Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, etc.). Utilizaba a la Iglesia católica como ariete contra el gobierno. A su vez, la Iglesia católica manejaba al PP en su lucha para mantener sus privilegios tradicionales en España. El PP se enrocaba en el atentado del 11-M para quitar legitimidad a las elecciones que llevaron al Sr. Zapatero al poder. Votaba contra todo y contra todos.

En el campo de Izquierda Unida la situación era poco ilusionante. En cada confrontación electoral era patente el abandono de su electorado ante su entreguismo al nacionalismo y por el despiste ideológico desde la caída del muro de Berlín. También son incapaces de entender que en las democracias las fuerzas anti-sistema son reaccionarias, no progresistas.

En este marco político un grupo de ciudadanos, miembros de asociaciones como Basta ya, intelectuales como Fernando Savater, Albert Boadella, Arcadi Espada, Mario Vargas Llosa, etc y aglutinados en torno a Rosa Díaz, recogieron el sentir de muchos y vieron que había espacio para un partido laico, liberal, europeo y español. El 29 de septiembre de 2007 se ponía en marcha UpyD (Unión Progreso y Democracia).

En este nuevo partido hay personas provenientes de la derecha más civilizada o de la izquierda que no entendía el porqué de las desigualdades que se estaban instaurando entre las diferentes zonas de España. Todos preocupados ante el callejón sin salida que se estaba convirtiendo el rumbo político. Dimos un paso adelante para intentar regenerar la vida política de este país, tenemos inquietudes políticas pero no vocación de políticos.

Nosotros pensamos que nadie está obligado a votar siempre lo mismo o a resignarse a las opciones políticas vigentes, cuando ya le han decepcionado anteriormente. No tenemos reparo en apoyar propuestas de la derecha o de la izquierda si son beneficiosas para el conjunto de la ciudadanía.

Pensamos también, que un Estado democrático tiene que ser laico, es decir, neutral ante todas las creencias religiosas respetuosas con los Derechos Humanos y con nuestro sistema jurídico, y también ante la creencia de los que no creen en religión alguna.

Nosotros creemos que toda riqueza es social y se debe en último término a la sociedad, aunque provenga de la iniciativa individual que lícitamente se beneficia de ella. La mejor forma de redistribuir la riqueza socialmente acumulada son unos efectivos y accesibles servicios públicos para atender cuestiones básicas: educación, sanidad, comunicaciones, transporte, asistencia social a niños, minusválidos y ancianos, pensiones, etc.

Pretendemos reformar la Ley Electoral para acabar con la excesiva preponderancia de los partidos nacionalistas, a los que se concede en la práctica un poder de arbitraje en la política nacional.

Queremos rescatar para el Gobierno central competencias en temas educativos, especialmente en lo tocante al uso y aprendizaje de la lengua española. Un Estado de Derecho necesita una lengua común. Los que más padecen del arrinconamiento docente del castellano en determinadas regiones son los económicamente menos favorecidos y los inmigrantes, es decir los que necesitan la lengua para integrarse laboral y socialmente en el marco estatal más amplio posible.

La tarea es ingente, la regeneración política no puede esperar, hay que evitar que se formen castas de políticos que se perpetúen en el poder. Nosotros proponemos la limitación de mandatos en todos los cargos políticos. Hay que desalojar a los políticos de las cajas de ahorros, cuya mala gestión sale a la luz en esta época de crisis económica. Hay que eliminar todas las asesorías de los Ayuntamientos, Diputaciones (refugio y aparcamiento, con un buen sueldo, de los políticos caídos en desgracia y a los que el partido coloca para asegurar su fidelidad), de las empresas públicas, de las delegaciones de las consejerías y del Gobierno Central, etc. En fin, hay que confiar en los funcionarios profesionales y competentes que hay en la Administración.

Supongo, que al concejal de Cultura a que me refiero en el inicio de este texto, le dirían que el gato no estaba estupefacto sino putrefacto. Pues bien, putrefacta y maloliente se puede convertir la situación en España si no entra un viento fresco regenerador en la política que intente solucionar los verdaderos problemas de los ciudadanos. Hoy sábado 4 de octubre se celebra en Madrid un mitin para celebrar el 1º aniversario de la fundación de UpyD. Ha nacido con ese objetivo: regenerar la vida política. Con nuestros modestos medios, pero con el apoyo de cada vez más ciudadanos, estamos dispuestos a luchar por ello.

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