Tribuna libre

Miguel Colorado Ortega

50 años del Centro Cultural de Juventud

DECÍA el gran poeta alemán Rilke que la patria de todo hombre es su niñez, pues bien, yo me considero una persona afortunada ya que soy ciudadano de ¡patrias! Mi niñez, menesterosa aunque sin necesidades dramáticas, fue un tiempo chispeante de mi vida, una mezcla de aventuras, ilusiones, primeros amores y, sobre todo, felicidad. Vivencias que aun perduran en mi interior y que ni la erosión del tiempo ni el paso de los años han sido capaces de borrar.

Y me preguntaréis vosotros: ¿ Y esa otra patria a la que te refieres?

Ese, amigos, fue otro periodo de mi vida intenso e inolvidable, fueron los años de mi pertenencia al Centro Cultural de Juventud, ubicado en la calle Lealas y enclavado en la Parroquia de Santiago y que por estas fechas cumpliría el medio siglo de existencia. Don Francisco García Román, párroco y director espiritual del Centro, supo reunir a un grupo de chicas y chicos en los que inculcó unos valores que, aun hoy, resultan irrenunciables.

Algunos de los componentes del Centro ya no están con nosotros. En mi recuerdo y en primer lugar, Don Francisco, nuestro director, Pepe Pérez Bellido, responsable de la luminotecnia necesaria para la puesta en escena (en nuestro teatro), de las obras que sabiamente dirigía Agustín Aguilar y Eduardo Rinconada, que personalizaba la ‘voz’ del Centro en todas sus actividades.

En fin, en el Centro se organizaron conferencias, debates, cine fórum, tómbolas, concursos fotográficos, casetas en la feria, revistas habladas, teatro leído y escenificado, etc. Tampoco se descuidó el aspecto fraternal con los más necesitados proporcionándoles puntualmente alimentos y juguetes.

Por último decir que nos presidió una persona entrañable: Domingo Gutiérrez. Bajo su tutela se produjo esa gran explosión de entusiasmo de un grupo de jóvenes que nunca olvidaré.

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