La sentencias son eso, sentencias: establecen unos hechos como probados, se les aplica una tipificación penal y en función de ello se dictan unas sanciones que conllevan tanto el cumplimiento del castigo como la reprobación y la estigmatización social, lo que no es cuestión menor. Eso es lo que ha pasado en el caso de los ERE y, por lo tanto, a pesar de que el Supremo pueda enmendar alguno de los extremos que conocimos el martes, el arriba firmante debe proceder a poner en cuestión algunas de la cosas que aquí ha dejado escritas sobre el particular durante los últimos años. Y así lo hace, con máximo respeto a la autoridad judicial, por más que el firmante no salga de su asombro y siga considerando un hecho altamente cuestionable que Manuel Chaves y José Antonio Griñán convirtieran durante más de una década el Palacio de San Telmo en la cueva de Alí Babá, con sus cuarenta, o 19, ladrones dentro.

No otra cosa es lo que concluye la sentencia. Y uno no sale de su asombro no solo porque a lo largo de su trayectoria profesional ha tenido la oportunidad de conocer y tratar a los dos presidentes de la Junta y también a otros de los ahora condenados. Y, a fuer de sincero, no se hubiera atrevido a dudar de la honestidad de Chaves y Griñán, pero sí de su competencia para organizar una banda de salteadores de fondos públicos. También le parece cuestionable porque considera exótico que un grupo tan numeroso, que iba desde el propio presidente y su Consejo de Gobierno en pleno hasta el chófer de un director general, consiguieran mantener en secreto y sin fuga de información durante tantos años semejante latrocinio. Pero sorpresas te da la vida.Hasta que un periodista de la edición que por entonces tenía en Sevilla el diario El Mundo no llevó el tema a una página de local, aquí nadie se fue de la lengua y se expoliaron las arcas públicas a saco y con total impunidad presupuesto tras presupuesto. Luego, ya se sabe: oportuna denuncia del PP que por azares de la vida tocó instruir a una magistrada de contrastada independencia y profesionalidad, que queda acreditada por la sentencia ahora conocida. Amén.

Pero como la sorpresa, como las desgracias, nunca vienen solas, hay que anotar también la que produce la actuación del PSOE andaluz y de su secretaria general -en este último caso, mejor no actuación- tras conocer lo que establece la sentencia sobre sus hermanos mayores. Bueno, en realidad, ni tan hermanos ni tan mayores. Pero eso mejor lo dejamos para otro día.

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