Esta semana se ha conocido la agresión de unos jóvenes, de origen magrebí, a un vendedor de castañas en la céntrica calle Corredera. Casi al mismo tiempo se conocía también que no muy lejos de allí, en el antiguo Hotel Ávila (ahora centro de menores inmigrantes) un monitor agredía a uno de los menores y era sancionado por ello. Independientemente del fondo de estos casos y del problema de la inmigración, ambos han desatado una espiral de comentarios xenófobos –sobre todo en redes sociales– que son para preocuparse. Alimentar ese tipo de discursos, ahí está la Historia, no puede llevar a nada bueno.

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