Soy un jubilado. He sido funcionario y he cotizado a la Seguridad Social durante 47 años y 30 días exactamente, antes de pasar a la situación actual. He ocupado cargos de cierta relevancia tanto en la administración General del Estado, una Comunidad Autónoma, una diputación provincial y dos municipios. Por tanto, podría decir, sin temor a equivocarme, que he sido un servidor público toda mi vida.

Dicho lo anterior -que lógicamente puede demostrarse-, y con ese bagaje, se me permitirá precisar que hay cosas que veo, escucho e incluso padezco en esta España nuestra, no sin cierto sufrimiento interior, tal como cualquier otro ciudadano de a pie que soporta las consecuencias que nos atraviesan a todos, que hay cosas en esta España, decía, que no me gustan absolutamente nada. Es más, precisaré, para poner el listón en donde corresponde: que me apenan, me avergüenzan y que me tocan los compañones (sinónimo de testículo, para los despistados).

España, definitivamente, por la incapacidad de los líderes políticos actuales, tanto en el Gobierno como en la Oposición, ha perdido el rumbo, o, en su caso, la brújula que permita orientarnos en este mar de los Sargazos que atravesamos. Y mira que hemos pasado situaciones difíciles, algunas de las cuales pueden estar aún en la memoria de los que leen este artículo.

Nada se parece España, en lo político, a los otros países, que, junto con nosotros, conforman la actual Europa que nos contiene.

¿Cómo hemos perdido, por la avaricia de unos pocos, la incapacidad intelectual de otros, y los intereses partidistas de los actuales representantes políticos, el consenso que, en una época no tan lejana, hizo posible la salida de una negra dictadura y encauzar la senda de nuestro caminar como pueblo, hacia una democracia, que fue ensalzada como modelo de transición, por la mayoría de los países libres del mundo? ¿Cómo?

Diré algunas cosas para dejar abierto el camino para posteriores artículos. En la situación generada por el Covid-19, la actuación de la oposición en el parlamento español no sólo es lamentable, sino que, además, es desleal para con España y los españoles. Se pongan el Sr. Casado y el Sr. Abascal como se pongan. Política tabernaria, marrullera, y que además no le llevarán a lado alguno, es lo que hacen. Su sentido de Estado deben tenerlo en el zancajo, ya saben, ese lugar lo más alejado del cerebro.

Del Gobierno y de la Corona, hablaremos el próximo día. (…)

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