Hablando en el desierto

La diversión mortal

La diversión tiene sus riesgos, pero morir de diversión parece excesivo

E style="text-transform:uppercase">N una película, una jovencita de la buena sociedad norteamericana se acuesta con sus compañeros de instituto, incluso de dos en dos. Su novio, o como ahora se diga, la sorprende en la cama y se lo reprocha: "Era por divertirme: pero solo te quiero a ti." Más adelante vemos cómo fumar es cosa de pobres y causa de escándalo, pero no las drogas, que son de ricos, modernos y guapos deseando divertirse. La película transcurre de diversión en diversión, de aburrimiento en aburrimiento, de tedio en tedio y de desastre en desastre, y el muchacho de la novia promiscua, sintiendo los resultados dolorosos de la diversión que empieza a no ser divertida, dice entristecido: "Nadie nos ha enseñado lo que está bien y lo que está mal." La película no debe ser muy buena porque recuerdo poco del argumento. Cuando es buena y nos gusta no nos olvidamos. El concepto de diversión ha cambiado mucho, en el caso de que al joven le hayan enseñado a usar conceptos: si no hay velocidad rápida y arriesgada, ruidos musicales como las trompetas del Juicio Final, gritos estentóreos y excesos de muchas clases, parece que fuera imposible divertirse. Un niño se divierte con un juguete inventado por él más que con el que le compran ya hecho, lo que quiere decir que uno hace su propia diversión, le satisface y siente un placer íntimo. No tienen que venir de fuera a decirnos qué es la diversión y cómo divertirse.

La diversión tiene sus riesgos, pero morir de diversión parece excesivo. No es raro tampoco: hombres de peso político han muerto de lujuria en un prostíbulo a edad ridícula para esos lances; otros por gula pagando su pecado con los martirios de la gota, por avaricia y ambición fallan los corazones y, en fin, no haremos la lista de los pecados capitales, todos divertidos menos la envidia, porque hasta la pereza da dolores articulares como castigo. No es una frivolidad lo que digo para recordar a una joven de 12 años que muere por un coma etílico irreversible. Dicen "niña" en sentido figurado de muy joven, pero en España a partir de los doce años se debe decir "joven" en una información periodística. ¿Qué es divertirse? Un muchacho que mira por un telescopio, ¿se divierte? Una jovencita que se emborracha en un descampado, ¿se divierte también? Seguramente sí, en ambos casos. El grupo en el que queremos ser aceptado es el que marca la naturaleza de la diversión. A veces, por tal de ser aceptados, fingimos que nos lo pasamos bien haciendo algo que no nos divierte. Yo, que no me quiero poner como ejemplo de virtudes juveniles, tengo mis dudas de que a los doce años haya referencias fijadas de un mundo mejor, al que volvemos cuando fallan otros, cuando el divertido mundo recién descubierto es peor que el ya conocido.

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