La torre del vigía

Juan Manuel Sainz Peña

Una feria en declive

SE nos va a pique. Como quienes tienen que poner el remedio sigan haciendo la vista gorda para todo o casi todo, la Feria del Caballo va a convertirse en poco tiempo en una especie de verbena pueblerina, donde botellones y casetas-discoteca van a invadir el Real como lo han hecho este año en buena parte del González Hontoria.

Y no se trata de ser catastrofista, sino de constatar una realidad palpable y preocupante como el hecho de que muchas, cada vez más casetas, incumplen por sistema las ordenanzas con la música a todo volumen que nada tiene que ver con el espíritu de la Feria, y la juventud haciendo botellones por doquier ante la pasividad de las autoridades que deberían velar -orden directa del Ayuntamiento- por que el problema no se extienda como lo está haciendo cada año.

Que haya reyertas, donde hay tantísima gente, y con alcohol y alguna que otra sustancia de por medio, creo que es inevitable, pero si se tomaran las medidas oportunas, duras y coercitivas, si me apuran, habría imágenes penosas que podrían evitarse.

No podemos dejar que cuando finalice la fiesta el responsable de turno -la alcaldesa incluida- nos haga un balance de cuento de hadas y nos venda la moto de que todo va bien. No es así y los políticos que van a la Feria a diario han tenido que verlo con sus propios ojos: la fiesta va a peor. Todos los años se anuncian sanciones, pero todos los años el casetero se va de rositas, lo sabe, y sobre eso actúa. No hay en los siete días un solo control de lo que pasa, y si lo hay no resulta nada efectivo. Se mira con lupa la indumentaria de los caballistas y los coches, pero se pasa olímpicamente del todo aquello que se extiende más allá del paseo de las Palmeras. Habría que, de una vez por todas, ponerse duro y hacerle ver a nuestros gobernantes que hacer cumplir la ley no va contra el pueblo. Y habría que preguntarse también si hay que seguir dándole sitio a unas casetas que ni pegan ni cumplen con una Feria que, creo, no se merece tanto desbarajuste y tanto mamarracho.

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