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Manuel Ríos Ruiz

El flamenco ante el siglo XXI (II)

Acotaciones al programa

09 de marzo 2009 - 01:00

EN consonancia con cuanto comentamos ayer, convengamos en que el flamenco nunca fue más rico en tendencias que en la actualidad. Tenía que ser así, aunque sólo fuera por acumulación de aportaciones. Por ejemplo, si nos asomamos al estado actual del baile, en el siglo XX se ha empezado a bailar por seguiriyas, por taranto, por martinete, sin dejar por ello de bailar por tangos, alegrías o soleares, que eran los bailes que se configuraron definitivamente en el siglo XIX. Otra cosa es que a una buena parte de los aficionados les guste estos bailes más antiguos, bailados como se bailaban en los cafés cantantes y en los tablaos, y que a otros, que forman un apartado más numeroso, les encante y se inclinen por los nuevos presupuestos coreográficos de las versiones últimas. Es una cuestión que requeriría un tratamiento aparte.

Y como del baile podíamos decir de la guitarra. Todos cuantos escriben de flamenco están de acuerdo en que la guitarra es lo más evolucionado del género, tanto en acompañamiento como en su presentación de instrumento solista, con la puntualización de que muchos de sus intérpretes son compositores y, además, con la particularidad de que el intérprete más famoso de todos los tiempos, a escala internacional, es un guitarrista: Paco de Lucía.

Debemos hacer una observación en torno al proceder de los concertistas de guitarra flamenca, es curioso que tras el empeño que pusieron los guitarristas en conseguir que se le prestara atención a la guitarra por sí sola, de un tiempo a esta parte, en sus actuaciones sólo tocan dos o tres temas en solitario, pues inmediatamente se rodean de un grupo de músicos y hasta de una voz cantaora. Y la verdad es que así, casi todos suenan lo mismo. El solista ha creado un grupo musical, distinto al clásico cuadro flamenco de los tablaos, y esta modalidad representativa e interpretativa del flamenco ha creado seguimiento, formándose conjuntos instrumentales que tienen un camino abierto hacia el futuro, partiendo de Cañadú o Los Activos.

En cuanto al cante, existe un gran número de cantaores que siguen fieles a la discografía de los primeros cincuenta años del siglo, un legado cuya principal significación es que supone la salvaguarda para siempre de lo que estimamos estilísticamente legítimo, debiéndose reconocer que fue producto de una evolución de enorme trascendencia, como no se ha dado en los últimos tiempos ni por asomo.

Ante esta aplastante realidad, ante ese tesoro discográfico, que ahora se reedita sin sucesión de continuidad, utilizando los medios más modernos de la tecnología, los intentos de evolución en el cante son mínimos, hasta el punto de que lo que siempre fue más fácil, creativamente hablando, los fandangos personales, podríamos sumar solamente a lo largo de los últimas décadas tres o cuatro ejemplos con entidad original. El hecho de que algún que otro cantaor de renombre, guste a ratos interpretar una seguiriya a su manera como suele decirse, tal es el caso de Enrique Morente, no tiene gran incidencia. Y hay que apuntar la influencia de Camarón en jóvenes cantaores, pero esto es lógico, y anteriormente ocurrió, que se sepa, con Chacón, Manuel Torre, La Niña de los Peines, Marchena, Caracol y tantos otros artífices con acentuada personalidad y sonido propio e impactante. Dicho esto, mañana nos ocuparemos de los giros acancionados.

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