HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Las habas de junio

10 de junio 2008 - 01:00

LOS romanos no se pusieron de acuerdo en el origen del nombre del mes de junio. Para unos venía de 'junior' y estaba dedicado a los jóvenes; para otros se nombró así en honor de Junio Bruto, desterrado por Tarquino el Soberbio y primer cónsul por aclamación una vez destronado el presunto tirano, pero la opinión más general es que se le dio el nombre en honor de la diosa Juno, esposa de Júpiter, dueña de las puertas solsticiales. Junio Bruto había instituido una fiesta en honor de Carna, una ninfa que había vivido virgen en los bosques cercanos a Roma hasta que fue violada por Jano, el dios de las dos caras y de las puertas. Como compensación, Carna recibió un espino albar que protegía los goznes y espantaba a los Éstriges, especie de vampiros que bebían la sangre de los niños recién nacidos cuando estaban solos en casa. En las fiestas de Carna, las Carnaria, se comían habas, un afrodisíaco según se creía.

No se comían habas porque sí, habas tardías ya, sino que se hacía una especie de ceremonia para preparar tocino con puré de habas, porque la mezcla se tenía por fortalecedora de los órganos sexuales, y por esa causa cualquiera estaba dispuesto a hacer lo que le dijeran. Se sabe que los afrodisíacos son mitos pero todavía se sigue creyendo en ellos. Pitágoras, de quien no habrá que decir que era un sabio, prohibió a sus discípulos comer habas, precisamente porque la sexualidad distrae del estudio y desvía la atención para cualquier actividad humana provechosa. No es que la actividad sexual no sea provechosa, siquiera sea para la procreación, sino que los sabios pensaban que había que repartir las energías y las inclinaciones sexuales con otras también necesarias para el buen orden de la república. Al final, según es tradición apócrifa, murió el filósofo en un habar, perseguido en una revuelta política.

Relacionada también con la fecundidad se celebraban en junio las Matralia, fiestas en honor de Mater Matuta, confusa diosa latina que ayudaba en los embarazos y protegía en los partos. Sólo podían participar en ellas las mujeres libres casadas una sola vez (univirae) y estaba prohibido el acceso a las esclavas. Para dejarlo claro, se obligaba a entrar en el templo a una esclava y se la expulsaba a latigazos. Las habas, ya medio secas, se trituraban y se elaboraba una bebida fecundante. 'El caldo de habas hace a la mujer brava', se decía. Parece mentira que una legumbre humilde, despreciada por muchos, haya dado tanto de sí. Desde tiempos antiguos se las usaba para hacer conjuros y hechizos, y aun se pensaba que los hombres dominados por sus mujeres lo eran porque ellas les habían dado 'las tres habas', misterio del que desconozco el origen, pero se lo brindo a las feministas expertas en lograr que las leyes, como debería ser, no igualen a hombres y mujeres.

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