Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez: Pepe Andrades, in memoriam (y III)
Es labor harto complicada condensar en tres artículos -pese al amplio numero de caracteres de su extensión- todo cuando la emoción deja caer por el tobogán de los brazos hasta desembocar en la yema de los dedos que rítmicamente bailan sobre la pista no siempre resbaladiza del teclado del iPad. Pepe Andrades, dueño de un silencio tan blanco como su pelo, da para mucho. En mi recámara íntima guardo el memorable gesto y la palabra -rota desde su garganta- que tuvo para conmigo -iglesia de San Pedro adentro- aquella aciaga y dolorosa mañana del 4 de junio de 1989: léase: las exequias de mi madre… Pepe y su premio ‘Potencia para un cofrade ejemplar’ concedido por la Hermandad de la Viga. Pepe y el apagavelas asido a la mano derecha. Pepe y una nota a pie de página en su hoja de inscripción de las Llagas, de puño de quien la rellenare: “Quiere ser costalero del Señor”. Manuel Alcócer desea aportarme que hizo la mili con Pepe y que me enviará fotos de ambos sirviendo a la patria: “el campamento de instrucción en Cerro Muriano, Córdoba, tres meses, y luego el destino, un año, en Jerez”. Por su parte el preclaro cofrade de las Cinco Llagas José María Simón Granados Cordero confiesa que Andrades “fue un hombre sencillo e íntegro, dispuesto a lo que fuere por su hermandad y hermanos. Una gran persona para mi señora y para mí, pues tuvimos una muy buena relación en todos los sentidos. En paz descanse”.
Tercera pregunta para los hermanos que colaboran con este tributo escrito: ¿Qué creéis que ha aportado el bueno de Pepe a las Cinco Llagas? Jorge Pérez: “La entrega que ha tenido con la Hermandad. Ha trabajado tanto dentro de la Junta de Gobierno como fuera. La prueba evidente es cómo ha colaborado también con los franciscanos -cuando tuvieron que marcharse- abriendo y cerrando la iglesia a diario”. Chari Lupión: “Creo que nos ha enseñado mucho, sin pedanterías basadas en la edad o la experiencia. Emanaba Fe, esperanza, franciscanismo. Humildad, sobre todo humildad, respeto, hacer las cosas por derecho, pero sin vanagloria”. Diego Parra: “No era sólo un hermano de la hermandad, él ha sido el referente en la iglesia de San Francisco. A la hermandad lo bueno que él ha aportado es a día de hoy poder seguir abriendo San Francisco todos los días. El sí con mayúsculas que dijo cuando los frailes se fueron es el mayor aporte hacia una iglesia abierta al culto de sus imágenes. Lo hacía sólo por amor a Dios y a su hermandad”.
Isidoro García: “Ha aportado mucho: trabajo y compromiso desde que ingresó en la hermandad. Lo recuerdo limpiando plata y colaborando en todo. Tambien trabajando en la primera caseta de Feria que montó la hermandad. O perteneciendo a la primera cuadrilla de costaleros. Y luego de contraguía. O colaborando con el grupo de voluntariado en el Hospital San Juan Grande. Identificado con el espíritu de san Francisco”. Y cuarta cuestión: ¿Estáis de acuerdo si afirmamos que Pepe fue un digno heredero de las funciones y las labores que desempeñó en el seno tanto de la hermandad como de la iglesia de San Francisco el recordado Manolito Guerrero Ramos? Jorge: “Totalmente. Claro que sí. Y además lo ha demostrado con creces. Evidenciando su valía para estos quehaceres. Ha sido muy bueno, muy eficaz, muy constante, en todo lo que ha desempeñado. Tanto como mayordomo, como capiller, como vestidor. Sí, un dignísimo sucesor de Manolito. Hasta el final de sus días”.
Chari: “Sí, estuvieron pendientes de todo lo que podía atañer a la hermandad, aunque creo que había una diferencia: con Manolito siempre hubo una comunidad en el convento. Es justo reconocer la labor de Paco Bernal y Pepe abriendo la iglesia a diario. Para mí permanece en la Capilla del Voto, con la mirada puesta en los Titulares”. Diego Parra: “Los dos han sido ese referente de la iglesia, pero en dos situaciones muy diferentes. Pues con Manolito había frailes y con Pepe dejaron de estar y él fue el primero, junto a Paco Bernal, en dar la respuesta para que la iglesia se mantuviera abierta todos los días”. Isidoro García: “Fueron dos hermanos impresionantes. Ejemplares en la bondad”. Ya está Pepe Andrades en el cielo junto a su hijo, su mujer, Manolito Guerrero y su gran amigo y hermano Pepe Pérez Raposo. “Siempre fue un apoyo para mi padre -añade Jorge-. Tenían un vínculo muy estrecho: hablaban mucho y se contaban sus cosas”.
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