Temporal

04 de febrero 2026 - 03:07

Se nos ha anunciado que hoy puede caer una gran tromba de agua en casi toda Andalucía y que podría inundarse la calle en la que vivimos. ¿Ha oído alguien que las brigadas de limpieza hayan desatascado los husillos? ¿Ha visto alguien a los operarios limpiando las alcantarillas de hojarasca y despojos? ¿Ha visto alguien a los propios vecinos de una calle usando un soplador de hojas? ¿Ha visto alguien que se hayan tomado medidas para evitar los atascos y las consiguientes inundaciones en sótanos y en garajes? La respuesta, por supuesto, es no. Nadie ha hecho nada. Nadie ha visto nada. Nadie ha previsto nada.

No sé si he contado ya aquí que, en Estados Unidos, cuando se acercaba una tormenta de proporciones muy parecidas a la que se nos viene encima, todos los vecinos de mi calle se dedicaron durante dos días a limpiar los husillos y los desagües con escobas y sopladores de hojas y cualquier artilugio que tuvieran a mano. A cada vecino le correspondía el tramo de calle donde estaba su casa y allí debía dedicarse a quitar las hojas secas (todo aquello ocurrió en pleno otoño) y a retirar todos los obstáculos que pudieran impedir la salida del agua. Teníamos un arroyo cerca y nuestra calle estaba en una zona inundable. Incluso nos aconsejaron trasladarnos al piso de arriba de la casa por si se inundaba la planta baja. Y nos aconsejaron comprar agua, linternas, mantas y víveres (cuando fui a comprar al Walmart, parecía que había sido saqueado por una turba de gente famélica: no quedaba nada, salvo la flamante colección de rifles de caza que nadie había querido comprar). Y cada dos por tres salían avisos en la televisión local pidiéndonos cautela. “No salgan de casa”, nos repetían las autoridades de protección civil.

Digo esto porque nosotros carecemos de un hábito colectivo para enfrentarnos a las catástrofes más o menos previsibles. Y es posible que alguien se quejara ruidosamente si tuviera que limpiar husillos o barrer las hojas secas que van a atascar los drenajes. En el fondo somos un país de hidalgos que desprecian el trabajo manual y que lo consideran poco menos que una actividad deshonrosa. Y aun así, lo justo sería que echáramos una mano cuando las cosas se ponen feas y se anuncian inundaciones. Pero no se preocupen, nadie hará nada. Estaría bueno.

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