Santiago Cordero
Machitos, malotes y listillos
Aquella generación nacida a finales del franquismo heredamos un doble concepto, como si de una doble moral hablásemos, del deporte en general, pero sobre todo del fútbol. De cara al exterior, el deporte rey enarbolaba unos valores encomiables, curiosamente muy de la tradición de la época, en plena concordancia con el régimen político y religioso. Valores tales como el sacrificio, generosidad, respeto, compañerismo y demás.
De puertas para adentro, ya fuera en casa o en el vestuario, nos inculcaban a fuego las verdades ocultas del balompié. El fútbol era un juego para machotes, si algo iba mal no se lloraba, si perdías no te venías abajo, porque es un deporte de hombres y si no actuabas como tal, eras señalado como una niña o un mariquita.
El fútbol también era un deporte para malotes, los buenos no tenían cabida. Frases del tipo “o pasa el defensa o pasa el balón” formaba parte del mantra de un entrenador y si había una refriega, todos a una con sus compañeros, porque “a cojones no nos ganaba nadie”, se solía escuchar en la grada. Por supuesto el fútbol era para listillos, si el árbitro no se da cuenta estabas habilitado para insultar, amenazar o pegar a un contrario. Marcar terreno lo llamaban. La quintaesencia de la listeza era fingir una caída en el área a dos metros del árbitro y que éste se lo tragara. Piscinazo lo llamaban.
De todas aquellas enseñanzas ocultas que nos enseñaron salieron jugadas icónicas como la patada de Goico a Maradona, el codazo a Luis Enrique, la manita de Michel a Valderrama o el gol denominado la mano de dios anotado por Maradona. Todas ellas un pequeño muestrario de que el fútbol es un deporte jugado por machitos, malotes y listillos.
De vez en cuando aparecen personajes bipolares que son culpables y víctimas al mismo tiempo. El más evidente es el del jugador del Real Madrid Vinicius. Es un jugador que se mofa de los contrarios, que provoca al público con aspavientos innecesarios, que finge en el campo, que se encara con los árbitros y de buenas a primera, se convierte en adalid del juego limpio, del respeto y de la buena educación. El racismo, la xenofobia, el género, la discapacidad o cualquier otro motivo no deberían existir en el fútbol (claro ni en la sociedad) y me parece loable cualquier acción que se implemente para combatir y erradicar estos comportamientos de los campos del fútbol (y de Torre Pacheco por citar un ejemplo), pero el lio se forma cuando el culpable se auto victimiza y se erige en adalid del juego limpio.
Esto que expreso no está en contra de que las denuncias de actos racistas o de cualquier tipo deban ser denunciadas, perseguidas y erradicadas. Alguien se imagina a un político hablando en el congreso de los diputados sobre erradicar la corrupción política y al mismo tiempo ser un corrupto redomado ¿A qué no? O incluso voy más lejos aún, alguien se imagina a un sacerdote un domingo desde el pulpito hablar sobre el pecado y vivir en pecado constante rompiendo cada día sus votos, imposible. Pues por esa misma regla de tres, Pretianni se tapó la boca porque tenía frío y no adulteremos el fútbol como dijo Chilavert y que siga siendo un deporte de machotes, malotes y listillos.
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