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Mi artículo sobre el improperio guerracivilista del vicepresidente Iglesias llamando a la eliminación de Vox no fue lo mejor que se ha escrito sobre el asunto. Naturalmente habrá muchos artículos mejores, pero nada superó a la contestación de Cayetana Álvarez de Toledo. Le cupo, dos veces buena, en un tuit brevísimo: "De marquesa a marqués, hoy te has pasado".

Es un golpe maestro.

Para empezar y para terminar con la intervención de Iglesias le suelta: "hoy te has pasado", aunque la pronunciación debe ser en castizo: "t'as pasao". El disparate de Iglesias fue tan mayúsculo que no merecía más comentario (y lo confieso yo, que le dediqué una prolija glosa con cinco puntos argumentados). Con cuatro palabras, Cayetana deja claro que Iglesias todos los días está mal, pero que el día de marras había sobrepasado una línea roja. Con eso sobra.

Lo que merece una glosa es lo de los marquesados. La XIII marquesa de Casa Fuerte le habla de tú a tú al que los guasones motejan marqués de Galapagar por un Chalet Grande que se ha comprado a pesar de la retórica vallecana que venía usando. Cayetana hace una jugada de ida y vuelta. Al igualar su título de más de 300 años con una broma tópica de las redes sociales, ella se blinda, como quien no quiere la cosa, contra los que la insultan por su condición de marquesa. "Ya veis -viene a decir- soy la primera que me lo tomo a broma". Ese reírse de sí misma le permite revolverse contra Iglesias, aunque no por el supuesto marquesado.

Álvarez de Toledo no lo ridiculiza por los metros cuadrados o la piscina de riñón o la cabaña rústica de invitados, sino por no haberse conducido noblemente en una refriega parlamentaria (ahí resuena seco el eco del "t'as pasao"). De manera que la aristócrata del PP viene a decir que, si Iglesias se hubiese comportado como un señor (se hubiese atenido a los límites) en su legítima pelea parlamentaria, habría estado a la altura de su marquesado de pega y también de uno auténtico, porque eso da igual. "Marqués" o "duque" se utilizan con frecuencia como motes peyorativos o ridículos, pero "señor" o "señora" o "caballero", jamás. En ese hábito lingüístico late el unánime reconocimiento social de una dignidad que sí es exigible y que sustenta al resto. Es la secreta veta del brevísimo epigrama o tuit de Cayetana. Por eso es tan acerado e incontestable. Una lección (aunque para mí -espero, aspiro- sólo literaria).

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