Que el ser humano es el único animal de la naturaleza que tropieza dos veces con la misma piedra es un hecho demostrable, empírico y que está a la orden del día.

Y si esta piedra con la que demuestra su torpeza y su ineptitud no es la misma, muy probablemente sea muy parecida.

Ejemplo de esto que hoy les hablo hay miles, pero me quedo con la reacción de muchos "vecinos" de esta bendita ciudad criticando y llevándose las manos a la cabeza por sus redes sociales ante los aficionados del Cádiz por celebrar éstos su ascenso a Primera, … y horas después ellos mismos estaban jaleando a los cuatro simpáticos que andaban quemando rueda e hicieron de la zona sur su circuito de velocidad la otra noche.

Claro, es que con el humo de los tubos escapes el coronavirus disminuye su poder de contagio.

Claro, es que esta tierra es especial. Siempre nos ha pasado y siempre nos pasará; y si los de allí hacen una, nosotros no vamos a ser menos, y hacemos dos. O inclusive, tres.

Y claro, una tradición tan bonita, tan nuestra y declarada por la UNESCO como Bien de Interés Cultural como es jugarse la vida haciendo el macarra en una avenida de "aficionados" al mundo del motor no podía faltar este año.

Que no se diga que una pandemia, un virus o una realidad como la que estamos viviendo ha podido con esta tradición que se hereda de padres a hijos, y que está esperando a que Valentino Rossi cuelgue de manera oficial su casco para que sea cada año el maestro de ceremonias.

En fin… la misma piedra.

La que nos hace caer en el "aquí no pasa nada", "aquí vale todo"; "aquí eso no nos va a pasar".Ojalá no tengamos que arrepentirnos de la arenilla que desprenden estas puñeteras piedras.

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