Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

La mujer del 78

SI fuese un hombre, es muy posible que hoy estuviese en paro, a pesar de ser licenciado y de contar con dos másteres. Y si fuera mujer, pues lo mismo. Quizás con un trabajo, pero indignada y con la maternidad retrasada. Al cumplir los 18 años, el superlativo Miguel Ángel Rodríguez contó aquello de que si fuera hombre, la Constitución se prepararía para votar y si fuese mujer, para la puesta de largo. A los 36 hay que cambiar. Que la Constitución necesita una reforma no lo discute ni la bancada del PP; cuestión distinta es hasta dónde. Mariano Rajoy aún tiene un año de tiempo y una mayoría absoluta de fuerza para actuar; ahora sería más fácil que en 2016, pero el presidente medita ante dos caminos. El primero es el más sencillo, por el que el PP ya ha transitado: colocarse la coraza, repartir mandobles, satanizar a unos por blandos y a otros por extremistas y confiar en una nucleización del voto de la derecha para ganar las próximas elecciones generales con una ventaja que, al menos, le dé la legitimidad para buscar el pacto con UPyD, Cuidadanos y un PSOE deshilachado. El segundo es más complicado: asumir el riesgo que conlleva el liderazgo, ofrecer las bases de una reforma constitucional al PSOE y otro Estatuto a los catalanes no independentistas. Pero la tentación es la de recorrer el primero para llegar al segundo. Craso error, Rajoy será más débil.

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