La Crestería

Manuel Sotelino

Condición cofrade

Ser cofrade dicen que es una condición. No es como el toreo donde las connotaciones son mucho más profundas. Se puede vivir en torero y alguien que tenga cierta agudeza visual y sea buen aficionado sabe cuándo por la calle camina un torero o alguien que siente en torero.

Con la condición cofrade no se sabe muy bien si es más de lo mismo. A lo más que se puede identificar a un cofrade es porque lleva un ‘huski’ color verde cacería, luce patillas puntiagudas o usa gomina y pasea la medalla de su hermandad cada domingo de Cuaresma.

Todo esto une a los cofrades y les ofrece una seguridad a nivel social al tener algunos referentes de identidad. Se estudia en Sociología. Después cada uno cuece los garbanzos con bacalao como le da la gana. De puertas para adentro, se usan camisetas de los Lakers o se empapa el mundial de rugby que se está celebrando en Japón. El caso, como dijo hace poco nuestro prelado, es comer y dormir tranquilos. Eso sí, siendo conscientes de que en la ciudad hay gente que no duerme porque no tiene qué comer.

Y hablando de comer, de semejanzas y de caridad, una magnífica idea que de nuevo nos llega desde la Sagrada Lanzada. Un concurso de aperitivos llamado ‘Longinos Chef’. Todo preparado para la bolsa de caridad de la hermandad. La inscripción era un juguete y hoy se está organizando, esperemos que con éxito de participación. La Lanzada va bien. Cocina de puertas para dentro y no se mete con nadie. Y de camino, están marcando el sendero por el que el resto debería de tomar. Mirar más hacia el prójimo y dejándose de chismes. Esa debería de ser la verdadera condición del cofrade. Por sus obras los conoceréis.

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