A diestro y siniestro

El otoño de Susana

Como militante socialista Susana quiere que Pedro gane el 28-A, pero ella sobrevivirá como líder sólo si Pedro pierde

Como militante socialista desde su más tierna adolescencia, Susana Díaz quiere que Pedro Sánchez gane las elecciones generales del 28-A. Y trabajará todo lo que pueda para que así sea, sin ninguna duda. Como líder del socialismo español, por el contrario, su única posibilidad de resurgir tras el fiasco del 2-D radica en que Pedro Sánchez pierda las elecciones. Una paradoja que ella resolverá en la intimidad.

Sólo la inevitable inminencia de las elecciones generales y la proximidad ineludible de las otras (europeas, autonómicas y municipales) impìdió tras el 2-D la amagada defenestración de Susana Díaz al frente del PSOE de Andalucía. Le han dado una prórroga obligada, pero con dos condicionantes decisivos: la promoción de quien va a sucederle como referente del socialismo más poderoso de España (María Jesús Montero, su ex consejera de Hacienda y ministra de lo mismo de Sánchez) y la laminación de su gente de más confianza en las listas del Congreso de los Diputados.

Por más que haya maniobrado y pataleado en las cuatro provincias en que ha podido hacerlo, Susana ha tenido que aceptar la lógica de que los diputados socialistas que llegarán en abril sean leales a quien necesitará su respaldo y voto en el Congreso, sea para seguir en el Gobierno, sea para liderar la oposición (lo mismo que ella se aseguró para sí en las autonómicas). La imagen más nítida de esta derrota es el ninguneo a Antonio Pradas, su hombre más leal y, sobre todo, su ariete -condición compartida con Verónica Pérez, "la única autoridad"- en la caída, temporal, de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE.

El designio de Pedro de ajustar cuentas definitivamente con Susana (cobrarse la gran deuda del pasado, vamos) no va a verse frustrado más que en una circunstancia: si sus candidatos de abril en las ocho provincias sacan menos votos que los de ella en diciembre. Por el contrario, si los resultados electorales del sanchismo superan a los del susanismo, quedará demostrado que la defección o abstención de los votantes socialistas el 2-D se debió menos a la crisis de Cataluña y la política de Sánchez que a la gestión de Susana Díaz en la Junta, al hartazgo de los andaluces por la corrupción y a la protesta por el deterioro de la sanidad y la educación. Que el voto del 2-D fue más un voto contra Susana Díaz que contra Pedro Sánchez.

Y Susana habría entrado en el otoño de su vida política. Ejecutada por su enemigo.

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