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Tribuna Cofrade

Susana Esther Merino Llamas

Jerez con su Patrona

Durante nueve días de gozo inmenso, Jerez ha respirado, ha latido, ha sentido, ha rezado, en definitiva, ha vivido acurrucado en el tierno abrazo de su Madre, la Virgen de la Merced Coronada, su Patrona.

Los jerezanos hemos acudido literalmente “en masa” a esa llamada que no es otra que el bendito engarce creado por el cordón umbilical con el que Dios nos une por y para siempre con la que fuera su Primer Sagrario. Los muros del templo basilical han quedado lo suficientemente empapados de devoción sin fin como para que rezumen durante el resto del año los rosarios, las peticiones y las gratitudes que se han ido desgranando en estas jornadas ante Ella. La siempre docta, magistral y acertada palabra del comendador de la Orden Mercedaria de nuestra ciudad, fray Felipe Ortuno Marchante en cada predicación del novenario, ha quedado grabada a fuego en nuestro corazón y en nuestras conciencias con una elevada carga de reflexión y catequesis que nos ayudará a seguir nuestro día a día, sabiéndonos auspiciados bajo la protección de Nuestra Madre.

Han sido un auténtico regalo del Cielo todos los matices que nos han podido llegar a través de los sentidos contemplando con tan sólo un ligero golpe de vista la bellísima estampa configurada,  desde que nos disponemos a entrar en la que es la casa de todos los jerezanos, por un reguero de miradas clavadas en el enigmático rostro de la Señora mientras sostiene a la misma Salvación de la humanidad entre sus azabacheadas manos.

El preludio de este nuevo veinticuatro de septiembre nos ha llevado, casi sin darnos cuenta, al día grande donde todo el pueblo de Jerez quedará bañado por la gracia y por los dones de la que es Madre de Dios y Madre Nuestra. El nardo de su pureza se fundirá con el lustre de su templete invitándonos a dejar reposar nuestras Avemarías en el filo de su manto. Muchos niños conocerán, mientras vayan a buscarla de la mano de sus abuelos,  algún que otro milagro obrado por su divina intercesión. Ella, la que cuelga en el cabezal de las camas y vela por la salud de muchos de los nuestros, nos esbozará el más precioso gesto de tranquilidad maternal tras su paso, que nos reportará la seguridad y la fuerza suficiente para afrontar los avatares de la cotidianidad. Como Redentora de Cautivos que es nos liberará, con tan sólo dejarnos abandonar en su regazo, de todas esas esclavitudes que se interponen en nuestras vidas (la injusticia, la incomprensión, la soledad, el desarraigo, la miseria,…) y que hacen que nuestra fe se tambalee alejándonos de las cosas de Dios.

Cuando la luna de plata se alce sobre la misma calle Merced, toda la efigie de Nuestra Amantísima Madre, desde su recuperada presea hasta sus morenas plantas, quedará envuelta entre los piropos y requiebros que saldrán de ese hermoso brocal de inspiración del amigo Jaime Betanzos, quien esta noche tendrá el honor y el privilegio de llevar a cabo la salutación a la Virgen a modo de fervorín. A buen seguro que Ella lo ha elegido porque es sabedora mejor que nadie de esa gran devoción que manda en su alma, la que nos abrirá en canal para, desde su juventud y buen hacer entre sus renglones, ayudar a mantener encendida la llama de la fe y el amor hacia Nuestra Madre.

Y es que una vez más, un año más, un veinticuatro de septiembre más y cuando todo haya terminado, comenzaremos a soñar con la celebración de sus vísperas y ese día marcado en nuestro calendario con la blancura de sus nardos porque somos de Ella y todo se hará por y para Ella  y porque nuevamente, y porque así lo querrá el Señor, Jerez estará con su Patrona.

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