Desde la ciudad olvidada

El pavimento urbano en Jerez: notas históricas (II)

Si bien hubo empedrados en fechas anteriores, es en el XVIII cuando parecen darse pasos decisivos en la pavimentación de las calles jerezanas. Cuando a finales del siglo Antonio Ponz en su "Viage de España" describe la ciudad, lo hace con palabras de elogio y resaltando la iniciativa emprendida por el corregidor José de Eguiluz. De este modo, afirma que "comparando sus calles actuales con lo que eran antes, esto es, barrancos de inmundicias y albañales casi todas ellas […] ahora son verdaderamente cómodas y magníficas, con sus anditos de losas a los lados, mejores que los de esa Corte, de modo que cuando estén todas concluidas y empedradas en la forma que las hechas hasta ahora, será Xerez por este término una de las más lindas ciudades de dentro y fuera de España".

El comentario de Ponz sobre la positiva evolución en aquellos años respecto a tiempos precedentes es posible constatarla por los documentos. Las investigaciones de Fernando Aroca Vicenti demuestran que a principios del setecientos la situación del pavimento era muy defectuoso, hasta tal punto que en época de lluvias resultaba casi imposible transitar por muchas calles. Durante la segunda mitad del XVIII hay noticias de distintos trabajos de pavimentación, labores que estaban unidas a otras previas de allanado de los frecuentes desniveles del terreno y realización de alcantarillado. Pero, sin duda, destacan las obras que se le encomienda a partir de 1784 al arquitecto Pedro Ángel Albisu y cuyos resultados serían los que admirará el ilustrado Ponz después.

Para hacernos una idea de aquella combinación de empedrados y "anditos de losas a los lados" podemos acercarnos al entorno de Francos, con calles como San José o Almenillas, que, con sus márgenes de piedra de Tarifa, han mantenido la esencia de esta tipología dieciochesca.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios