Un pin para ti. Esa es la frase con la que solían terminar los debates durante la adolescencia. Con él, tu adversario te da la razón final, bien sea porque se ha cansado ante tu falta de argumentos sólidos o porque no consigue rebatirte. Lo mismo da que me da lo mismo, aunque me preocupa más lo segundo. Un pin: fin del debate, valla al conocimiento.

Tengo amigos con creencias e ideologías distintas, muy dispares. Unos piensan que a, otros que b y otros que el abecedario entero. Sin embargo, la idea de uno de ellos es llevar la contraria y discutir todo el tiempo. El resto le mira con cara extraña. ¿Alguien sabe por qué le gusta discutir? ¿Qué gracia tiene? Él dice que así aprende. Al final suele ser el que se lleva el pin, por 'hartible'.

Odio el pin. También el parental, por supuesto. Razón principal: nos limita. Coartar el conocimiento con cualquier excusa es malo. Además, pensar que negando una actividad o un debate limitaremos el conocimiento es absurdo. A veces no sabemos por qué somos como somos. ¿Quién ha creado nuestra personalidad? El grupo de rap sevillano SFDK se pregunta en una de sus canciones: "¿Quién tiene la culpa de mí?". No lo sé. ¿Quién nos educa? ¿Nos adoctrinan? ¿Nuestros padres lo hacen quizás? ¿Lo hicieron nuestros maestros? ¿Los ídolos de la infancia? ¿Qué parte de culpa tienen nuestros amigos? ¿Ni siquiera los entrenadores cuando jugamos al fútbol? ¿Los libros que leemos tal vez sirvan? ¿La música que escuchamos?

Intentar fomentar una sociedad basada en los principios de igualdad y libertad no es malo. Incluso así, habrá algunos pequeños que entonarán el 'vivan las cadenas' y recibirán alguna influencia de que eso es lo correcto. Porque el pensamiento, también el de los niños, es libre. ¿Ustedes adultos pueden pensar, por favor?

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