Tribuna Cofrade

José Luis Montes Letrán

¿Y encima qué?

Hay algo que lleva dándome vueltas por la cabeza desde hace unos días, de forma incómoda, creándome una sensación de rabia, impotencia. He preferido dejar pasar el tiempo, que la rutina se lleve esos pensamientos a otra parte, “no merece la pena, Selu”, me refirió Pepito Grillo anoche... Pero no aguanto más. No puedo seguir callándome ante una realidad y un mundo que me duele, igual que a muchos que conozco personalmente.

Estoy muy cansado. Harto. Me enerva leer año tras año, por estas fechas, las mismas opiniones, deducir las mismas conclusiones, entresacar la misma cizaña entre líneas, de la que siempre parece ser una decisión controvertida. Artículos, columnas, editoriales, todos ellos oportunistas, escritos en un calendario que no ofrece contenido y ante la necesidad de llenar las páginas de un diario, o una web, pero siempre contra un mundo que me apasiona, que siento mío, al que le procuro todo el respeto posible, y que por supuesto defiendo y defenderé a ultranza ante cualquiera que pretenda dar del mismo una imagen que no se ajusta a la realidad.

Pueden llamarme como quieran. Pregonero, exaltador, orador, joven irreverente, ‘busca-pregones’, o simplemente decir que tengo experiencia en ese campo. Usen el calificativo que prefieran de esa lista. Me da exactamente igual. Pero lo cierto es que la vida me ha llevado a muchos lugares a cumplir este tipo de encargos y, por tanto, a conocer a muchas personas de otros muchos lugares que hacen lo mismo que yo. Tanto es así que bastantes de ellos, actualmente, son amistades personales. (Si no le ofende al lector, nos englobaré a todos en la categoría de pregoneros, así será más fácil y nos entenderemos mejor).

Los pregoneros (antiguos pregoneros, de Semana Santa, de hermandades, de Jerez, de Bornos, de Sevilla, de Cádiz, Sanlúcar, Rota, Puerto Real, Alicante...), todos nosotros, juntos, sentimos el mundo de los pregones como algo que nos apasiona dentro de la Semana Santa. Por experiencia querido lector, se lo aseguro, no hay nada más gratificante que intuir la felicidad en los rostros de la gente mientras escucha palabras, que han salido de ti. Por eso mismo, no voy a consentir que nadie, se llame como se llame, se atreva a empañar con su opinión algo tan grande. Jamás.

Los pregoneros no miramos al pasado, somos presente. Los pregoneros no cuestionamos partidas de nacimiento de ninguna clase, porque que yo sepa, de nuestras dos madres, todos compartimos una. Andamos en las marabuntas de las calles de cualquier sitio, porque nos encanta descubrir nuevas realidades (yo sin ir más lejos, hace escasos días, me perdí en la bulla de Afligidos en Plaza Las Flores de Cádiz). Ni pretendemos entrar en historias que no interesan a nadie, ni cometemos el absurdo de albergar pregones ya escritos en nuestros cajones, ni mucho menos nos reunimos al mediodía en casinos de pueblo (primero porque los bingos buenos se juegan en las casas de hermandad, y segundo porque un casino es demasiado glamuroso para nosotros, generalmente lo convalidamos con una terracita y un café o cerveza, según venga la tarde).

¿Qué el mundo de los pregones a veces es difícil? Es cierto. ¿Qué hay quien se toma este mundo como algo que no es, como una competición, como una forma de protagonismo o ‘enri-crecimiento’ personal? También es cierto. Pero... ¿En qué submundo de las cofradías no ocurre esto mismo? ¿Acaso no es complicado el mundo de la mayordomía? ¿De los vestidores? ¿De los martillos? ¿De las bandas? ¿Acaso no hay personas dentro de esos submundos que se lo toman como algo distinto a la realidad, como una competición?

Miéntanme si lo prefieren, o niéguenme la realidad, pero esto sucede en el mundo de los pregones, como sucede en cualquier realidad cofrade. Incluso, tal y como sucede en la vida misma. Y en el concreto caso del mundo de los pregones, hay quienes lo transforman en una afrenta, como también hay muchas personas, maravillosas personas que lo conforman, algunas de las cuales tengo la suerte de considerar amigos íntimos, que hacen de los pregones un universo fascinante, una puerta a la Gloria, un acercamiento a Dios y su Madre y una traducción, a lo cofrade, de la palabra “literatura”.

Y por supuesto, todos, absolutamente todos, nos alegramos profundamente de que Pablo Baena sea pregonero de la Semana Santa de Jerez 2020. Porque de todo ese conjunto de pregoneros, algunos hay que no hemos cumplido lo que para nosotros es un sueño. Sí, sí, soñamos con ello. Se lo prometo. Negarlo sería mentir. Pero no confundan soñar, con convulsionar en la cama la noche en la que nos enteramos de que no nos han escogido. Eso no es soñar, eso es ‘estar mu malito’.

¿Cómo entonces vamos a alegrarnos los pregoneros cuando otro cumple nuestro sueño? Precisamente por eso. Porque el elegido es pregonero, y lo cumplirá por nosotros, y porque desde ese momento, tanto para los que han dado como para los que no hemos dado “El Pregón”, será uno de los nuestros. El pregonero es de los nuestros, claro que lo es. Y siempre lo será.

Por eso me alegro por ti, Pablo, porque vas a cumplir tu sueño, y nosotros lo cumpliremos contigo.

Pregoneros, sí. ¿Y encima?... ¡¿Y encima qué?!

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