Literatura e historia

Francisco Antonio García Romero

A propósito de la novela Asta Regia

A propósito de la novela 'Asta Regia'

A propósito de la novela 'Asta Regia'

Nuestro Marcial, el gran poeta hispanolatino, por bilbilitano, exclamaba en sus epigramas (VIII 3): “¡Cinco libritos eran bastante!”. Pero él mismo se corregía enseguida y se justificaba para seguir escribiendo, al caer en la cuenta del valor literario y el éxito alcanzado por sus obras, que, según sus propios versos, “se manoseaban” por todas partes.

Y tres eran hasta ahora las novelas protagonizadas por el bibliotecario, arqueólogo y profesor Esteve y el perspicaz e introspectivo (todo en uno) inspector Castilla, nacidas de las plumas de Clavijo y López. Pero, en algo más de un lustro, por parte del público lector ha sido tan calurosa la acogida que se hacía ya necesario pulir, ampliar y darle rotundidad a la primera entrega (Asta Regia: el secreto de un arqueólogo) en esta edición actual, limpia, clara y elegante, al estilo de las que sabe ofrecer en “Libros Canto y Cuento” el maestro impresor José Mateos, que ya había sido el mecenas de las dos anteriores (La ciudad que no sueña y Operación estraperlo).

De nuevo fue Marcial (X 4) el que se confesaba diciendo: “Mis páginas saben a hombre”. Y estas páginas que ahora les reseño tienen un sabor innegable a lo humano, a lo cotidiano, a veces tierno y afectivo, a veces misterioso y terrible de épocas muy difíciles de nuestra historia, que en esta novela, casi a la manera del realismo mágico, se alternan, se solapan y casi se confunden. Asta Regia y Jerez (antes como ahora cercanas pero demasiado desligadas), dominación romana y franquismo, el sorprendente casco corintio del Guadalete y una moto Alpha (en prodigiosa coincidencia helena), autocracias y pueblo sometido, asesinato y censuras, complicidades y maquinaciones; y todo sazonado con la capacidad creativa y los amplios conocimientos históricos de los autores, no en vano durante años miembros activos y directivos del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, ese “antro de intelectuales” sospechosos, como se lo califica en la novela y como, ¡ay!, quizá piensen todavía algunos. Y es que un jerezano (o jerezana) amante de su tierra puede esperar cualquier cosa, cuando el novelesco capitán de la Guardia Civil se llama Andrés Benítez.

Ya otros avispados articulistas repararon en las posibles y sugerentes identificaciones entre Esteve-López y Castilla-Clavijo por ciertas afinidades de oriundez, profesión, intereses o dedicaciones. Pero eso, siendo curioso, es secundario.

En fin, se lo aseguro a ustedes, aprenderán y disfrutarán, horaciana dualidad constantemente requerida. En realidad, no se engañen, estos lectores “sin remedio”, Clavijo y López, como ellos se autodefinen, siempre han realizado sus trabajos académicos, sus investigaciones o sus creaciones literarias ad maiorem libri gloriam, a mayor gloria de ese invento genial e insuperable que fue el libro. Y también siempre (y los conozco desde hace casi medio siglo) han hecho suyo aquello de Fernández de Andrada en su Epístola moral a Fabio: “Un ángulo me basta entre mis lares, / un libro y un amigo, un sueño breve”.

Pero permítanme que, por el prurito clásico, termine como empecé. Y es que también aquí Marcial (II 48) pelea en nuestras filas: “Un tabernero, un baño, un barbero, una mesa y unos pocos libros, procúrame esto y quédate tú con las termas de Nerón”.

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