Al talento del Selu ya le he dedicado tres o cuatro artículos. El tío me abruma cada Carnaval, y yo me pregunto entonces cómo me atrevo a escribir luego mis bromitas. Cuando murió su madre y salió a cantar, le escribí otra columna recordando a la mía, que tanto disfrutaba con su chirigota. Pero lo que nunca he dicho porque acabo de caer ahora, con la de este año, es que yo, hypocrite lecteur, he sido el tipo clavado de un montón de tipos del Selu, -mon semblable, -mon frère!

Porque ¡anda que no he sido yo lacio, lacio…! También he parecido rico y he aparecido levemente bebido alguna vez. Mucho tiempo fui soltero sin compro piso y luego lo compré y entre en la férrea disciplina de lo que diga mi mujer, o mi suegra, como ya dije. Enterao soy un rato largo, aunque sea de los que no se enteran; y pesado, me lo digáis o no, qué os voy a contar. A pesar de todo, siempre es ahora cuando estoy a gustito aquí. Etc. Si todo eso estaba claro, con el estrés multiplicado por cuatro en el que vivo me ha hecho ya el retrato perfecto, movido, sí, sí, claro: ¡por las prisas!

En definitiva, que cuando me río con la chirigota del Selu me río de mí mismo y en toda mi cara, y eso hace que sea una risa especialmente buena. Con uno, contra uno, apenas se hace sangre, para qué vamos a engañarnos.

Eso, en mi caso, puede ser una feliz coincidencia y ya está, pero es el secreto del humor del Selu, si nos fijamos bien. Coincidimos todos en que su hallazgo magistral ha sido hacer girar las letras, la música y las bromas de su chirigota alrededor del tipo representado, dándole carácter de actuación total. Eso es así y la gracia radica en que la chirigota del Selu, por ese procedimiento, se ríe primero siempre de sí misma, aunque luego se deje caer sobre otras cosas, ya literalmente de segundas. Lo cual da lugar al humor de más calidad y calidez humana que existe. También es tres por cuatro, ya que resulta triplemente misericordioso: uno, porque tiene piedad de sí mismo; dos, porque los demás se ríen más a gusto contigo de ti; y tres, porque cuando después se ríen de alguien, ése ya está enseñado a reírse de sí mismo, y se une a la fiesta.

Una vez conseguida la triple hazaña humorística, viene lo cuarto: mi biografía. Me pregunto cómo puede el Selu estar tan meticulosamente al tanto de mis traqueteados trajines. No puedo contestarme porque me tengo que ir corriendo, que llevo muchísima bulla.

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