La ciudad y los días
Carlos Colón
¡Que acudan todos vestidos de andaluces!
Ya se habrán enterado de que David Uclés, el autor de La península de las casas vacías, anunció que no asistiría al congreso 1936: La guerra que todos perdimos, una cita en la que, noventa años después, se iba a intentar reunir en Sevilla a unos cuantos españoles para hablar sobre la Guerra Civil. Peligro.
Las razones de Uclés son su rechazo a algunos de los invitados, como José María Aznar o Iván Espinosa de los Monteros, “figuras antidemocráticas” con las que es un “deber moral” no compartir espacio; el título de las jornadas (¡el título!), que reposa, según Uclés, en la falsa concepción de nuestra Guerra Civil como un conflicto en el que ambas partes ocuparon el mismo lugar en la escala de los verdugos y de las víctimas; y una tercera razón, que Uclés no dice pero que se adivina: la guerra, en los corazones de muchos, aún no ha terminado.
Entre los invitados a las jornadas veo cineastas, escritores, periodistas, historiadores, poetas o actores entre los que todos podremos encontrar mentes afines, otras opuestas, otras tal vez inclasificables. Ese es quizás el problema. Decir que José María Aznar es una figura antidemocrática es como decir que Franco fue una figura democrática. A Aznar, por cosas como la participación española en la guerra de Irak, se lo echó de su cargo a golpe de voto. E Iván Espinosa de los Monteros, que hoy se dedica a patrocinar su think tank Atenea alrededor de ideas más liberales que conservadoras, tiene todo el derecho del mundo, el mismo que Uclés o que usted o que yo, a defender sus ideas, quizás porque nadie tiene razón en todo y las cabezas que no se ventilan acaban oliendo a cerrado.
Al menos eso es lo que yo he entendido que quiso para todos nosotros nuestro padre político, Manuel Azaña. Es fácil ver la vida sólo con un ojo, sea el izquierdo o el derecho. Dos años después de la sublevación militar, el hombre que supo mirar con una mirada íntegra –la más difícil, la más humana– culminó su mejor discurso pidiendo a los españoles del mañana “que piensen en los muertos y que escuchen su lección: […] el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón”. A mí las palabras de Uclés me recuerdan a ese vergonzoso darse la vuelta del hijo de Suárez cuando subía a hablar un diputado de Bildu en el Congreso. Es la fórmula del desastre: ni paz, ni piedad, ni perdón.
También te puede interesar
La ciudad y los días
Carlos Colón
¡Que acudan todos vestidos de andaluces!
El mundo de ayer
Rafael Castaño
Todos seguimos perdiendo
Quizás
Mikel Lejarza
Huevos fritos y caviar
Propagandistas de la verdad
La psicología no basta