Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, 31 de diciembre de 1946: Argudo, García-Figueras y Montenegro
Soy muy separatista: de la separación de poderes. Soy un independentista: de la independencia del poder judicial. Basta el auto de una jueza que condena a prisión provisional sin fianza a unos flagrantes delincuentes presuntos para que toda la política menuda de todos estos meses -las posturas, los equilibrios, los aplazamientos, los tacticismos- salten por los aires, felizmente, como un castillo de fuegos artificiales. Y con ellos, tantas elucubraciones laberínticas: las mías, las primeras.
Esos presuntos atacaban la integridad territorial del Estado; los que ahora cuestionan a la jueza desde la demagogia, el victimismo o criterios de oportunidad, socavan la integridad institucional del Estado (de Derecho). Con sus leyes que hay que cumplir (o que atenerse a las consecuencias), con sus jueces que no se casan con nadie más que con la casación, en su caso, con sus recursos y sus medidas cautelares, el Estado de Derecho es mucho más importante que los estados de opinión, empezando, de nuevo, por los míos.
Estas semanas -lo veo muy claro- me he metido demasiado en política. Quizá, incluso, me he metido demasiado con Rajoy. Hubo días en que lamenté haber dedicado mis años universitarios al Derecho y no haber estudiado las excitantes Ciencias Políticas. Ya no. Otra vez me admira la prioridad del Derecho. Como político, Rajoy habrá dejado de hacer su trabajo, sí, pero ha dejado hacer su trabajo a la Justicia. Le conviniese o no, y eso es muy esencial, y hay que aplaudirlo.
Aunque en mi independentismo (el de la independencia judicial) tampoco cabe el soberanismo, qué coincidencia. Basta con una autonomía leal. Sigue siendo, ojo, tiempo de política. Pero de la grande, que evite que la mediática convierta en héroes y en mártires a quienes no son sino delincuentes presuntos o que la pequeña les ofrezca atajos o que la minúscula les regale una reforma a la carta de la Carta Magna. Hay que hacer un esfuerzo de coherencia y, sobre todo, de clarificación de los principios.
Rajoy, con sus elecciones autonómicas automáticas, nos abocó a un cameron con retranca gallega. Sin duda, la decisión judicial lo ha puesto aún más difícil, visceral y volátil, pero ahora merece todavía más la pena, porque defendemos, a la vez, la integridad territorial y la institucional. Por eso, por detrás de la Justicia, bajo ella, a su lado, necesitamos a la Política, y con cuánto trabajo por delante.
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