Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, 31 de diciembre de 1946: Argudo, García-Figueras y Montenegro
LA canción está a punto de terminar. La soprano entona las últimas notas musicales y se enfrenta al sostenuto final. El público permanece embelesado ante tal torrente de voz. La vocanada final de aire hace vibrar las cuerdas vocales e inunda el teatro. La cantante no ha comenzado ni a cerrar la boca cuando de repente algún espectador grita a todo pulmón ¡BRAVA!. Y así, sin más, se rompe la magia del momento. ¿Brava? ¿Por qué no bravo? Suponemos que el espontáneo, guiado por la emoción del momento, cambia el género de la palabra al femenino por estar refiriéndose a una mujer. Pero aunque Bravo se utiliza para expresar que algo es bueno o excelente, en el mundo de la ópera y el teatro se emplea como una interjección, y éstas no varían en género. ¡Bravo!, debemos decir cuando nos guste una representación artística o queramos felicitar a alguien por algún mérito. También hay que recordar que esta palabra tampoco varía en número, pues si gritamos ¡BRAVAS!, ya sabemos lo que camarero nos pondrá.
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