Tribuna Libre

José Castaño Rubiales

La venta del Convento del Espíritu Santo

Una vista del Convento del Espíritu Santo en primero término, con la Catedral al fondo.

Una vista del Convento del Espíritu Santo en primero término, con la Catedral al fondo. / Pascual

Antes de realizar algunas puntualizaciones sobre la venta del Convento de las Dueñas Dominicas del Espíritu Santo de Jerez (1326) es obligado felicitar al periodista de Diario de Jerez don Ángel Espejo por su detallado reportaje publicado el día 24 de septiembre, relacionado con el futuro de este abandonado convento jerezano.

Confieso que me he sentido obligado a ofrecer estas puntualizaciones, no por el citado trabajo, sino por esta noticia procedente de las propietarias de este convento, ya que ha dado la impresión de que la Iglesia jerezana apenas nunca se interesó por su compra.

Todavía quedaban dos religiosas en este convento antes de abandonarlo, cada una con cerca de noventa años de edad, cuando mi inolvidable amigo don Juan del Río Martín, obispo de nuestra Diócesis, se interesó en su compra. Se puso en contacto en varias ocasiones con la rectora de las Madres Dominicas de la Bética, priora del convento de esta Orden, titulado de la Consolación, sita en La Rambla (Córdoba).

Cuando don Juan escuchó la enorme cantidad de dinero, cifra más que millonaria que pedía la buena señora por su convento, a pesar de las grandes dotes negociadoras no exentas de diplomacia del obispo de Jerez, terminó “mosqueado” porque no tuvo manera de llegar a un acuerdo con ella. Hasta el punto de que se vio obligado a “tirar la toalla”.

La idea de don Juan era comprar el convento porque en él deseaba instalar el Seminario Diocesano. De esta manera conseguiría aglutinar en torno a la Catedral, con ella, la flamante Casa de la Iglesia (Bertemati).

Años más tarde, siendo obispo de Jerez Don José Mazuelos Pérez recibió la noticia de las Dominicas de Córdoba ofreciéndole el edificio del convento, con la condición de que reservase el huerto situado detrás del mismo.

Éste representaba el problema de que no tenía salida al exterior, por lo que para llegar a un acuerdo de cesión, el Obispado se obligaba a buscar una salida.

Don José, con el deseo de buscar solución, acompañado por el arquitecto don Fernando de la Cuadra y personas de su confianza, entre ellas un servidor, realizamos una visita a la bodega, últimamente de Fundador y a pesar de las muchas facilidades dadas por la bodega, después estudiarse las posible salidas del huerto dominico, los muchos y grandes desniveles que existen en aquel sector de la ciudad hicieron imposible llevar a efecto tan deseada operación.

Quizás porque la información de la baratísima venta de tan importante patrimonio jerezano ha podido dejar entrever que nuestra Iglesia no se preocupó de conservarlo, me ha hecho recordar las siguientes palabras evangélicas: “Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios“ (Mt. 22, 15-21).

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