Cuando el viento arrecia, Jerez responde

La alcaldesa, María José García-Pelayo, durante una nueva reunión en el Puesto de Mando Avanzado.
La alcaldesa, María José García-Pelayo, durante una nueva reunión en el Puesto de Mando Avanzado.

09 de febrero 2026 - 07:01

La nostalgia luce una anatomía esquiva. Pero en la riñonera de sus silencios no se guarecen capítulos locales destinados al olvido. Cuando un acontecimiento cala, el paso de los años nada difumina. Porque, en Jerez, el tiempo no cae hacia abajo: en Jerez el tiempo desciende y asciende –¡y viceversa!- siempre hacia adentro. Puede que a veces el latido de la ciudad quepa en la yema de un dedo, pero a menudo se ensancha como el bosque de todos los arboles genealógicos. El tiempo en Jerez no es una línea inerte, sino un pulmón que respira. Los hechos que trascienden la cotidianeidad -y además colorean la realidad con el barniz de un impacto positivo- permanece en los tuétanos de esta bendita tierra. La rueda de la vida -pese a sus bifurcaciones- entrega el testigo de generación en generación. Los recuerdos -sus relatos- también se heredan. La seña de identidad de Jerez -el engarce de las décadas, de los siglos- se conjuga en primera persona del plural. La idiosincrasia del jerezano posee, representativamente, hechos diferenciales cuyo estandarte de terciopelo azul y blanco tremola al viento de las excelencias desprovistas de novelerías y de pleonasmos y de horteras calcomanías…

Abrocho un botón a guisa de ejemplo: he percibido cómo el partido del Jerez Industrial de ascenso a tercera división disputado en el Estadio Domecq el 1 de junio de 1975 -aupado con titulares y fotografía de este ‘Jerez íntimo’ el pasado viernes- persiste intacto -incluyendo los prolegómenos y las horas posteriores- en la memoria de no pocos jerezanos cuya remembranza los sitúa como testigos presenciales de un encuentro -duro y no rudo, el Motril como rival- que hizo raya en los anales de la historia del fútbol jerezano. Agradezco la información complementaria que me confían cuantos teclearon el punto y seguido -ya de manera privada- a mi columna periodística con ímpetu retrospectivo. Todos ellos aportando datos costumbristas y experiencias personales resultantes de aquella hazaña industrialista. Retrotraerse cincuenta largos años atrás no es ejercicio baladí ni cuestión de coser y cantar, pero han contactado conmigo tanto niños de entonces -hoy casi sexagenarios- e igualmente profesionales del sector periodístico dueños de una memoria fotográfica -e incluso uno que estuvo a pie de obra, al pie del cañón y a pie de los vestuarios: libreta y bolígrafo en mano-. Me satisface cómo han hecho referencia a la emoción vivida -y nunca convenida- aquel domingo de fiesta, fútbol, goles y afición pletórica en aras del progreso del equipo de sus amores.

Personalmente -por razones obvias- no viví aquel hito futbolístico de 1975: restaba algo más de un mes para cumplir cuatro años de edad. Esta sección periodística que un servidor firma -cuando dirige el catalejo hacia el Jerez de antaño- siempre aviva la coparticipación -a pitón publicado- de varios partícipes de lo narrado o de descendientes -familiares directos o no, amigos, allegados- de los nombrados -en letras negritas- por lo común ya desaparecidos (sólo físicamente). El radio de acción de ‘Jerez íntimo’, tras su publicación, se ensancha con otras voces, oros testimonios, otras aportaciones, otras confesiones. Me pregunto cómo se rememorará Jerez intramuros por ejemplo en 2076 -esto es: sumándole medio siglo a nuestro año en curso- esta agitada y atronadora borrasca de Leonardo. Los niños y jóvenes de hoy tendrán la voz -¿y la paz y la palabra, como Blas de Otero en su obra cuasi homónima?-.

Si hacen honor a la verdad, no podrán suprimir la síntesis de cuantas conclusiones cualquier ciudadano sensato -o al menos mínimamente objetivo- ahora -tras días huracanados- dilucida sin caer en elucubraciones imaginarias: esto es: cuando el viento arrecia, Jerez responde: quiere decirse: el Ayuntamiento se posicionó en todo instante a la altura de las circunstancias: valga la afirmación: la alcaldesa ha gestionado con eficacia -vigilante, sin perder comba- y sentido de equipo: lo que traducido resulta: los jerezanos hemos estado al punto informados y redoblados de una sensación de protección permanente: nota bene: todo el consistorio ha arrimado el hombro sin distinciones de siglas ni oportunismos desvencijados: léase: las instituciones han demostrado que resisten y ennoblecen toda encrucijada de crisis ética o -como la que actualmente nos ocupa- metereológica: apéndice: la ciudadanía es generosa por naturaleza, de pura humana, humanista y humanitaria. Leonardo no ha levantado ampollas ni ha arrancado preguntas: sencillamente ha concedido respuestas. La cadena de favores -como el argumento y el título homónimo de aquella edificante película protagonizada por Helen Hunt y Kevin Spacey- trenza una actitud. Una predisposición incondicional. Un compromiso sin rodeos. A Jerez, gracias a su gente, nunca le llegará el agua al cuello.

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