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En la trinchera verde

  • Recorrido por tres décadas de Ecologistas en Acción, la organización que contribuyó en los años 80 a salvar el Guadalete y que hoy sigue denunciando tropelías medioambientales

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Playas con vallas, peces muertos en un río de ácido, una desembocadura en la que flotaban mojones y compresas, arboledas perdidas, parques de jeringuillas. Hace treinta años el concepto 'medio ambiente' era difuso. Las excavadoras arrancaban pinares, las playas eran de acceso restringido y la alcoholera y las azucareras carecían de balsas de decantación, todos sus residuos iban directamente al Guadalete, por el que corría hacia el mar una pestilencia sin oxígeno. Hoy las cosas no son así. Después de muchas derrotas, el ecologismo existe como conciencia y buena culpa de ello la tienen quienes una primavera de 1983 atravesaron la valla que impedía el paso a la playa de Vistahermosa. Los mismos que durante las últimas semanas han colgado en la sala de exposiciones Alfonso X de El Puerto tres décadas de defensa de un entorno y, en su rebeldía, han marcado el camino asumido por todos sobre lo que es un futuro sostenible. Son Ecologistas en Acción.

Entonces, en la primavera de 1983, no sabían muy bien qué eran, recuerdan los protagonistas de esta historia reunidos para este reportaje ante pancartas históricas que narran una trayectoria en la que ellos aparecen retratados en todo el desparpajo de su juventud. "Habíamos oído hablar de Greenpeace, claro, pero eso nos venía muy grande, lo de salvar las ballenas nos pillaba lejos. Nosotros pretendíamos simplemente que todo el mundo pudiera ir a la playa", explica Juan Clavero, el profesor de instituto que durante tantos años ha sido la voz de este grupo de animosos rebeldes que ahora peinan con orgullo canas.

Al principio, ni siquiera se llamaban ecologistas. Joaquín Paloma, un trabajador industrial perteneciente a una asociación que llevaba el ambicioso nombre de Escuela de Cultura Popular, fue a ver a Clavero y le preguntó que qué le parecía lo de las playas privadas. Mal, claro, contestó Clavero. Así empezó todo. A ellos se sumó un saltarín melenudo, Salvador González, y a todos ellos se les fueron uniendo en un paseo por la playa con una pancarta en la que se leía "La playa es de todos" una multitud de bañistas. Así se atestigua en las fotos que van repasando, su primer triunfo.

Su primera derrota está en el Puerto Shurri, como ellos llamaban a Puerto Sherry. "Ya eran palabras mayores", recuerda Clavero y Salvador se lleva instintivamente la mano a las vértebras. "Aquel policía me echó el brazo al cuello y me arregló una contractura crónica que sufría desde 1977. Yo escuchaba a la gente gritar: Tirad a ese hijo de puta al agua. Había marea baja y del cantil al agua había seis metros de piedras gordas de cantera. Me acojoné". Gritaba un periodista radiofónico: "¡Están ahogando a un ecologista!" También hay una foto de esto: Salvador, con unas calzonas blancas muy de la época agarrado por dos maderos y arrastrado fuera del lugar por el que tendría que pasar la comitiva oficial que iba a abrir las puertas al desembarco del ladrillo costero.

Acabaron en los juzgados. "Sirvió para darnos cuenta de que teníamos que organizarnos. O nos legalizábamos o no podíamos hacer nada", explica Joaquín Paloma. Así surgió el germen de Ecologistas en Acción, la asociación Guadalete, en honor al río muerto. Fueron tiempos duros. Trabajadores del futuro puerto deportivo les rajaban ruedas, les partían los cristales de los coches. Recuerdan a un mariscador contratado como vigilante y que demostró gran amor por su empresa en la persecución a estos 'jipis' de la pancarta. Los ecologistas empezaban a tener sus primeros enemigos. Esa pancarta en la que se leía "Especuladores de Puerto Sherry. Mentirosos" traería dolores de cabeza.

A estos 'jipis' se les debe una batalla heroica. Los miles de peces muertos llegando a la desembocadura del Guadalete como un caparazón de escamas gigante era una tradición de las campañas remolacheras o de la periódica entrega de toxicidad de la alcoholera. La inmensa pancarta "¡Que viva el río!", una de las más famosas de toda la historia de Ecologistas en Acción, aparece sobre estas líneas. Es una foto de Fito Carreto, que ha documentado en las páginas de Diario de Cádiz las tres décadas de una de las trayectorias ecologistas de más relevancia en Andalucía. También es de Fito Carreto una foto de más de veinte años atrás: peces muertos, pero no en el río, sino en los despachos del Ayuntamiento.

"Hernán Díaz, el que sería alcalde, era entonces concejal de Vías y Obras. Estaba indignado: traéis peces muertos a la casa de todos. Ese día fue muy extraño". Sí, ese día era 25 de agosto de 1988. Ocho trabajadores habían muerto en el estallido de la alcoholera, un suceso que sacudía los telediarios. El Ayuntamiento celebraba una recepción a periodistas por la buena imagen que daban de una localidad que apestaba bañada por un río que era un vertedero. Los ecologistas irrumpieron en el sarao. Eso era El Puerto. Peces muertos, un río sin oxígeno. Muertos en la alcoholera... Y saraos en el Ayuntamiento.

Juan Clavero, con el paso del tiempo, intenta hasta ser comprensivo con las empresas. "Nos reuníamos con ellos y parecía que no entendían lo que les decíamos, no entendían que echar mierda al río no era bonito, pero era una época en la que a las empresas les daba igual la imagen, no tenían gabinetes de prensa... Decían que si hacían esas inversiones para no verter en el río tendrían que cerrar, que las fábricas no serían viables. Y nosotros le llevábamos los planes de viabilidad, les decíamos que sí era posible y que en el río había 17 toneladas de peces muertos y podridos".

La recuperación del Guadalete se convirtió en una obsesión para ese grupo de jóvenes. Hicierion marchas de días, partiendo del nacimiento del río, en Grazalema. "Algo tan asumido ahora como una depuradora -reflexiona Salvador-, se escuchaba entonces como ciencia-ficción. Ahora no hay pueblo que no tenga una depuradora". Y para tener depuradoras, para conseguir, como se ha conseguido, que el río, sin ser el más limpio de España, tenga oxígeno, respire, hay que ser audaz. Por ejemplo, enviando bidones de agua putrefacta los políticos de la época. Bidones de agua del Guadalete.

"Rodríguez de la Borbolla hizo una visita a El Puerto y allí estábamos nosotros con nuestra pancarta de salvar el río, cuando te podías acercar a los políticos; ahora eso es imposible. Borbolla nos preguntó: ¿Ustedes me mandaron una garrafa de de agua maloliente? Nosotros asentimos. ¡Se la envié a los artificieros por si era una bomba! Ese agua olía muy muy mal, nos suelta Borbolla. Pues es el agua de nuestro río, contestamos". Borbolla lo tuvo muy claro: "Esto hay que ponerlo en marcha". A grandes derrotas, grandes victorias. En 1995, siete años después, los análisis detectaban oxígeno en el agua. ¡Una fiesta!, paseo en Vaporcito a ver los peces en el río. "Si con todo esto, además de reivindicar, no te lo pasabas bien, tampoco servía de nada", exclama Salvador, que con el brillo de su mirada divertida denuncia que sigue siendo tan hedonista como cuando era joven. "No podíamos estar todo el día de bronca", explica Clavero. Desde el primer momento hubo fiestas, como la del parque de las Dunas, un lugar para yonquis y prostitutas que ellos convirtieron en un picnic.

Frente a la bronca, sentido del humor. Entra en juego la estrategia, como cuando fueron a tomar la playa del Almirante, junto a la Base de Rota, como si fuera Omaha. Allí les esperaba un ejército de guardias civiles. En un día de asfixiante calor los ecologistas hicieron esperar a los guardias, que sudaron dos horas debajo de los cascos y la coraza antidisturbios. Ecologistas en Acción se enfrentó a ellos con un arma letal: agua fresca, una fuente de sangría y un lebrillo de papas aliñás: "Comandante -dijo con retranca Salvador-, ¿no les apetecería a los muchachos algo fresco?" Y así se hermanaron unos y otros, ecologistas y guardias, y así fue tomada por los ecologistas, por un día, la playa del Almirante.

La asociación crecía, "éramos muy pesados", y los políticos empezaron a ver rentabilidad en un grupo que despertaba simpatías. En los 90 El Puerto se convierte en uno de los primeros ayuntamientos andaluces que se dota de una de legación de Medio Ambiente, lo que no impide que en los planes urbanísticos se incluya talas masivas de árboles. "Mira, mira", indica Clavero. Y muestra un proyecto de río, unas zonas de arbolado. "Lo hicimos hace veinte años". Es casi calcado a la ribera en la actualidad. Las zonas de arbolado son las que siguen existiendo. Salvaron todo esto.

Estos melenudos que ya no lo son han cambiado cosas. Y lo hicieron en la calle, lo hicieron las pancartas que ahora les rodean. Ecologistas en Acción, 30 años después, tienen todo un porvenir a sus espaldas.

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