Camille Laurens | Escritora "La igualdad real entre hombres y mujeres llegará... ¿en un siglo, quizás?"

  • La autora francesa narra en la novela 'Clara y Claire' la historia de una relación sentimental intergeneracional con el mar de fondo de las redes sociales

La escritora francesa Camille Laurens (Dijon, 1957). La escritora francesa Camille Laurens (Dijon, 1957).

La escritora francesa Camille Laurens (Dijon, 1957). / Francesca Mantovani (Editorial Gallimard)

La editorial Sitara, con traducción de Juan Gabriel López Guix, publica en España Clara y Claire, una novela de la escritora francesa y miembro de la Academia Goncourt Camille Laurens. Una obra sobre una relación intergeneracional con el trasfondo de las redes sociales por la que fue galardonada con el premio Roman-News en 2016 y que ya cuenta con una adaptación cinematográfica, a cargo de Safy Nebbou, y protagonizada por Juliette Binoche.

–Es tradicional la idea de que "los hombres envejecen mejor". ¿En Clara y Claire hay una reivindicación de la madurez de las mujeres como un espacio más a recuperar?

–Más que de una reivindicación, diría que se trata de la expresión de un sentimiento de injusticia ante la diferencia de trato que hay en la sociedad entre hombres y mujeres durante la edad madura. ¿Por qué las arrugas y las canas, signos de experiencia y madurez en los hombres, degradan a las mujeres? Demasiadas personas han interiorizado esta norma: "Los hombres maduran, las mujeres envejecen", como si se tratara de un fenómeno natural, cuando se trata de una pura construcción social, ajena a la realidad. En la vida real suele ocurrir todo lo contrario: a edad similar, las mujeres cuidan más de su apariencia que los hombres, sin duda en un intento de compensar esta desigualdad subjetiva.

–En algunos momentos, el lector llega a sentir que debe elegir entre los diferentes narradores. ¿Es algo deliberado? ¿Ocurre también en la vida real?

–Mi objetivo no era que el lector se sintiera obligado a elegir a uno de los narradores, sino más bien hacerle sentir hasta qué punto la realidad es un relato: es cambiante y diferente en función del que habla. Tenía en mente la célebre película de Kurosawa, Rashomon, en la que un mismo drama es contado de manera diferente por cada uno de los protagonistas o testigos. Uno no sabe dónde está la verdad...

–Las redes sociales pueden ser un espacio de encuentro, de información, de conocimiento, pero también de transformación, como muestra su novela. ¿Podemos realmente transformarnos en otra persona en el mundo virtual?

–Creo que, en efecto, las redes sociales solicitan nuestro talento de comediantes o de novelistas, nuestro deseo de transformarnos en otro creándonos un personaje. Podemos construirnos una vida y un universo imaginarios subiendo fotos trucadas, inventándonos algunas aventuras originales, construyendo una existencia menos banal. Se trata de manipular la realidad, pero a veces el motivo que nos lleva a ello es simplemente el sentirnos menos solos.

–Como espacio de encuentro e intercambio, también como un ámbito de emociones y afectos, incluso de amor, ¿las redes sociales están creando un nuevo tipo de relaciones?

–Sí, así lo creo. Es cierto que las redes sociales pueden crear relaciones peligrosas, el acoso es una deriva espantosa, los trolls son legión. Pero no olvidemos que también son una gran herramienta de conexión: permiten conocer gente que nunca habríamos conocido en la vida real, nos ayudan a luchar contra el aislamiento y la depresión. Personalmente, tengo amigos que no se desmoronan gracias al vínculo constante por Facebook, día y noche. Algunos han sido auxiliados, ayudados, acogidos e incluso salvados por perfectos desconocidos encontrados en las redes sociales. Esto es más cierto para la amistad que para el amor, pero no es despreciable. La moneda tiene su reverso, pero sigue siendo una moneda.

La autora francesa, en otra imagen cedida por su editorial francesa. La autora francesa, en otra imagen cedida por su editorial francesa.

La autora francesa, en otra imagen cedida por su editorial francesa. / Francesca Mantovani (Editorial Gallimard)

–¿En qué medida se puede calificar su libro como autoficción?

–Si consideramos la definición de autoficción dada por quien creó la palabra, Serge Doubrovsky ("La autoficción es un texto cuyo tema es completamente autobiográfico y la manera completamente ficticia"), esta novela no es una autoficción. En efecto, no todo es autobiográfico, de hecho varios personajes se expresan desde distintos puntos de vista. Digamos que tanto para esta novela como para las demás, en distintos grados, el principal paisaje mental (y por tanto femenino) es el mío, evoco sentimientos e impresiones que he experimentado personalmente, aunque luego las recompongo de forma novelesca.

–Aborda una relación intergeneracional desde el convencimiento de que ésta no tiene la misma aceptación social cuando se trata de una mujer madura.

–¡Esta creencia se ve confirmada por la realidad! Mire lo que sucede en el cine, por ejemplo, donde un actor de 70 años puede tener una esposa o una amante de 35 en la pantalla, mientras que lo contrario es tan infrecuente que termina convirtiéndose en el tema de la película. Y no hablemos de Trump, burlándose de la diferencia de edad de la pareja de Macron, cuando es simétrica para él y su esposa, pero al revés. A la sociedad le cuesta soportar que una mujer tenga una relación con un hombre más joven, como si ello tuviera una dimensión sacrílega e incestuosa. Pero ¿por qué no es cierto al revés? Resulta injustificable.

–A veces se puede intuir en su novela que la igualdad entre hombres y mujeres, más allá de leyes y normas, nunca será estrictamente real, que siempre habrá casos de desigualdad. ¿Qué piensa usted?

–No soy muy optimista. Los hombres que ostentan el poder o se jactan de su superioridad socio-profesional por ejemplo, ¿por qué renunciarían a ello para dejar espacio a las mujeres? Muchos se resisten ignorando la situación, pretendiendo no ver el problema. Esta desigualdad es milenaria, el patriarcado es arcaico y no se resolverá de la noche a la mañana. ¿En un siglo, quizás?

–Desde principios de 2020 es usted miembro de la Academia Goncourt, que concede el prestigioso premio literario. Desde dentro, ¿es cómo se la imaginaba? ¿Cree que aún hay cosas que cambiar y/o mejorar?

–Debería haber más mujeres en el jurado y entre los premiados. Llegará. Esta ambición fue determinante a la hora de aceptar la invitación de formar parte del jurado del Premio Goncourt. No podemos lamentarnos de que haya muy pocas mujeres en los centros de poder (y el Goncourt es uno de ellos) y no aceptar cuando te ofrecen un lugar.

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