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Conti se rebela ante el letargo

  • El italiano gana la etapa más larga con una diferencia de 33 minutos respecto a los favoritos

Valerio Conti (Lampre), un joven italiano de 23 años, se estrenó en una grande merced a una oportuna rebelión que le permitió levantar los brazos en solitario en la etapa maratón de la 71ª edición de la Vuelta a España, disputada a lo largo de los 213,4 kilómetros de recorrido que unieron Bilbao con Urdax-Dantxarinea, y tras la cual Nairo Quintana (Movistar) mantuvo el jersey rojo de líder en una jornada que casi se podría calificar de paseo cronometrado para la gran mayoría de corredores.

Mientras el pelotón, en el que se incluían los favoritos al triunfo final, acumulaba un retraso escandaloso de 34 minutos, Conti decidió quemar las naves a 12 kilómetros de la línea de meta. Él sí se lo tomó en serio, reventó una avanzadilla de 12 corredores y luchó con éxito para vivir su día de gloria. La moneda le salió de cara. Entró en meta señalando orgulloso el nombre del equipo que lucía en su camiseta, ajeno al paripé del resto del grupo al que aún le faltaban bastantes minutos para bajarse de la bicicleta.

El ciclista romano, quien llevó el dorsal número uno de la Vuelta en 2014 por la baja de Chris Horner -ganador en la edición anterior-, aventajó en un minuto a Danilo Wyss (BMC) y a Sergey Lagutin (Katusha). La espera de Conti para subir al podio fue muy larga, pues el pelotón cruzó la meta muy sonriente y menos cansando de lo habitual nada menos que 34 minutos.

Antes de la tempestad prevista para hoy en el mítico puerto de Aubisque en la ya calificada como etapa reina o etapa Tour de la presente edición, se hizo la calma en el trayecto vasco-navarro que desembocó en Urdax, que significa "puente y agua" en Euskera.

Fue también la jornada más larga de la ronda española en 2016, que además comenzó en Bilbao con doble noticia: la capital vizcaína recibirá al Tour de Francia en 2019 y la Vuelta 2017 saldrá desde la ciudad francesa de Nimes.

Los favoritos querían una fuga exenta de peligro para ahorrar fuerzas con la vista puesta ya en el Aubisque. Y la tuvieron, quizá hasta demasiada, ya que 12 corredores formaron una expedición definitiva. Licencia para la marcha cicloturista.

Ni el Movistar ni el Caja Rural metieron corredores en la escapada para la etapa de Navarra. Sí estaba el farolillo rojo de la clasificación, Romain Cardis (Direct Energie), Stephane Rossetto (Cofidis) -con el muslo cosido con 16 puntos de sutura como consecuencia de la fuerte caída que sufrió en la etapa de los Lagos de Covadonga- y Sergey Lagutin (Katusha), el vencedor en La Camperona.

Éste último cruzó al frente las cimas de Monte Igueldo y los altos de Aritxulegi, Agiña y Lizaieta, todos de tercera categoría. Para cuando el ruso completó su tarea particular a 50 kilómetros de meta la diferencia con el resto del pelotón ya alcanzaba los 21 minutos.

Un perfil de sube y baja entre carreteras estrechas y abundantes cotas convirtieron los últimos kilómetros en una clásica. Empezaron los ataques en un entorno de leyendas de brujería. Conti prendió la hoguera para su aquelarre particular, atravesó en solitario Zugarramundi, localidad que inspiró la última película de Álex de la Iglesia, estrenada en 2013, y se cargó de un espíritu ganador que ya lo acompañó hasta Urdax.

Sin espíritu competitivo se presentaron los favoritos. A más de media hora. "No fue una actitud ni deseable ni planificada", se excusó Alberto Contador (Tinkoff) tras bajarse de la bicicleta. Jonathan Castroviejo (Movistar) lo veía de otra forma: "Necesitábamos un día de descanso". La verdad es que el cuarto clasificado en la crono de los Juegos de Río no pudo ser más sincero.

Así pues, la vida siguió igual en la parte noble de la general. Quintana subió al podio a ponerse la roja por quinta vez en lo que va de edición, aunque en este caso lo acompañó el ex ciclista Miguel Induráin. El colombiano defenderá su privilegiada condición en la etapa reina con 54 segundos de ventaja respecto a su enemigo íntimo, Chris Froome (Sky). El Aubisque pondrá a prueba a los aspirantes al título. Ahora sí que se les acabó el descanso. Y no sólo a ellos, también al resto de aspirantes a la gloria y a los que sueñan con dar la sorpresa.

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