Martes de Feria

Be rebujito my friend

  • Las casetas hacen su agosto sólo con la venta de bebidas en una jornada en la que se alcanzó los 31 grados. Los 'valientes' pisaron el albero buscando la sombra y hasta tapándose con paraguas

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Aunque no con el mismo sentido, la famosa cita be (y mucho drink) water my friend se convirtió ayer en el lema de los feriantes, que claro, antes que agua, uno tiende a la jarra de rebujito, que para eso estamos en Feria. Qué calor. Pero qué calor. El termómetro marcaba los 31 grados de máxima, pero el Real se 'cocía' a fuego rápido. Muy rápido, y con pocas brisas que permitían coger aire y seguir el paseo. El lorenzo se quiso vestir de lunares e hizo de las suyas calentando el ambiente hasta derretir el hielo de la coca cola. O del rebujito..., que para eso estamos en Feria.

En el primer almuerzo de una de las semanas grandes de Jerez, el González Hontoria presentó un vacío poco habitual. Poca gente caminando, terrazas con mesas vacías, los coches de caballos esperando enseñar el Real..., así estuvo la cosa (al menos hasta llegar la noche). Claro, tanto hablar de la crisis, y tanto sufrirla que uno se autoconvence de que como en casa en ningún sitio.

En un abrir y cerrar de ojos se ha pasado del abrigo a la camiseta. De criticar la lluvia, y de un invierno largo y frío, ahora llega el sol y zas, en toda la boca. Un bofetón de calor te quema hasta las pestañas y ni los precios más económicos de los cacharritos anima la mañana de Feria, dejando al canguro y a la bruja de los escobazos más solos que mindolo hasta bien entrada la tarde.

De hecho, creo que ayer vi a más personas vendiendo claveles, tabaco, cupones ("de Granada", hasta me gritaron) y tubos fluorescentes, que mujeres vestidas de gitana, fíjense. Y es normal, lo entiendo. Hay que ser muy valiente para enfundarse en uno de estos vestidos tan nuestros y bailar por sevillanas en casetas sin aire acondicionado. Lo entiendo. Tanto, que cuando vi a una señora con la cremallera de su espalda un poco abierta, pensé, 'va guapa, pero qué calor estará pasando la pobre'.

Menos mal que también en estos trajes triunfan los colores neutros, los maquillajes, los tonos pastel..., porque si hay alguna cosa que ayer aprendí pisando el albero fue que pocas cosas hay mejores que una camisa blanca en la Feria. Ole y ole esas blusas que permiten beber y comer hasta reventar y además, sin que se note una pizca el calor que una está sufriendo.

En el Real, la sensación térmica o la pechá de calor (como diría alguno) era tanta que uno se acercaba a la barra para pedir una cerveza para beber, y otra para echársela encima. Incluso me temo que las botellas de agua se revalorizaron ayer como si se tratara de un coqueto piso en pleno boom del ladrillo.

Pero el día dio para mucho. Hombre, a fuego se me ha quedado la conversación entre una señora vendiendo claveles rojos y un señor vestido con chaqueta de verano y corbata. La mujer se acercó y le 'invitó' (por decirlo de manera muy suave) a que le comprara una flor. Él contestó: "Sólo tengo un euro. Así que... ¿pero tú que quieres por un clavel? ¡joé!", dijo ante la negativa de la feriante de ponerle la flor por un leurito. Así que ella, ni corta ni perezosa le lanzó: "¡Lo que quiero es que saques los billetes!".

Así que entre frases como "los romeritos no me lo desprecies" y "tengo un salpicón de marisco que quita el sentío", me di cuenta que si bien las gafas de sol y los mantoncillos eran los complementos fetiches de la jornada, tampoco faltaron los abanicos de todos los colores y formas, y hasta los paraguas para resguardarse del sol. La gente iba buscando por el real hasta la sombra de los pinos de María del Monte y era habitual ver a los guiris con un tono de piel más cercano al rojo pasión que al blanco roto.

Así fue el martes de Feria. Un martes dedicado a los socios de las casetas, a los compromisos profesionales y a algunas quedadas de compañeros de trabajo. Pocas montañas rusas y vistas desde la noria. Eso sí, la zona del botellón no entiende ni de altas temperaturas ni de serranitos bajo los toldos de las casetas. Allí entienden de litronas, paquetes de patatas y en el mejor de los casos, de hamburguesas de los puestos del Paseo de la Rosaleda. Bolsas y bolsas con botellas de alta graduación circularon ayer por el Real dirección al parque para que aquellos llamados 'ni-ni' disfrutaran de su particular Feria.

Dice una sevillana rociera que todos los días del año, yo soy feliz con mi gente, pero en la Feria la amistad se 'magnifica' como en un conocido programa de televisión, y la tortilla sabe mejor si la acompañas de un vino de la tierra. Bueno, todo sabe mejor en Feria. Así que aunque la cartera tiemble sólo con escuchar la palabra 'albero', merece la pena darse un paseo por nuestro Real. Eso sí, un consejo para los que decidan pisarlo hoy: el blanco pega con casi todo y si bebe (que lo hará por el calorcito que se prevé) intercale su rebujito con agua. La cosa no está como para que además de quedarse uno tieso de dinero, no se acuerde al día siguiente lo bien que lo ha pasado. Disfruten y sean buenos.

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