Miriam Méndez, la gypsy woman que merecemos
XXX Festival de Jerez
La Gotera de Lazotea se ha estrenado como espacio escénico del Festival de Jerez con el ciclo de piano flamenco inaugurado por la polifacética Miriam Méndez
Programación del 30 Festival de Jerez
A Miriam Méndez le brillaban los ojos igual que su chaqueta estampada en brilli-brilli, casi tanto como a su admirada Lola Flores. La pianista sevillana de raíces jerezanas ya había confesado en las previas a su estreno absoluto sentirse pletórica ante este recital, y es que motivos no le faltaban. Era la primera vez de ‘La princesa descalza’ en Jerez, y lo hacía en un teatro en pleno barrio de San Miguel, tan próximo a sus orígenes, muy cerca del rastro de La Paquera y La Faraona. Como Miriam Méndez cree en los espíritus y en la energía en movimiento, las habrá sentido revolotear en el ambiente. Lola Flores seguro que se lo ha pasado en grande desde su palco privilegiado.
La pianista ha regalado un recital inclasificable: magistral e ingenioso a partes iguales. He oído decir a alguien del público, “no sé si me gusta más, cuando toca o cuando habla”, y es que Miriam Méndez es una artista 360º, como diría Paquita Salas. Alcanzada por la varita mágica del arte en su vertiente intelectual pero también personal, pues nadie como Miriam Méndez podría hablar de Mozart o Bach con tanta gracia intrínseca. Ha demostrado que el piano es parte de ella, con esa ligereza en las manos de las pianistas virtuosas, que parecen tener pequeñas alas en los dedos. Realiza un juego constante entre su faceta de concertista y trovadora, contando historias para las que tira de oralidad, humor, baile y, por supuesto, de su piano.
Para este De Jerez al cielo la artista ha querido contar con la presencia del venenciador Jesús Rubiales, la persona que cualquier jerezano imagina si hablamos del arte de venenciar. Ella es ‘La princesa descalza’ porque le gusta estar conectada a la tierra; y de la tierra, de las albarizas, también sale el vino que eleva el alma al cielo. Un inicio marcado por el compás que ha hecho con una bota y por la explicación de su propio concepto del mismo -presente desde nuestros primeros latidos de vida-. La Méndez, que defiende la unidad del mundo y lleva el amor por bandera, ha hecho un guiño a esa idiosincrasia tan jerezana de convivencia entre payos y gitanos.
Con su piano ha interpretado partituras clásicas con melodías flamencas. Una soleá por Albinoni, una “taranta con perfume de Mozart”, unas sevillanas. La artista ha tirado de música barroca, “porque después de tanto dinero y tiempo invertido”, ella tiene que tocar por Bach. Entre partitura y letras, Miriam Méndez iba dejando un reguero de historias. La de los tres chavales en el parque, con 56 grados a la sombra de agosto: “el bueno, el feo y el malo”, que le ha dado pie a tocar los primeros acordes y el silbido de la icónica banda sonora compuesta por Ennio Morricone para la película de Sergio Leone. Ella quería que el feo fuera guapo o que el malo fuera bueno. Otra historia, la del hombre que la llamó pretty woman: “En todo caso, Gipsy woman”, respondió ella divina por las calles de Madrid. Esta historia, escenificada e interpretada hasta por su rizos, la ha terminado con los acordes de la célebre canción de Roy Orbison.
Para terminar, otra hilarante historia sobre su “tía Aurora”. Aquí nos damos cuenta de la imaginación despampanante de ‘La princesa descalza’, de su soltura para inventar, para sacar chispa a la vida, “porque cariña, si no vas a andar con gracia, mejor que no andes”. Esta tía Aurora, no sabemos si existió en parte o no, le sirve de pretexto para imaginar cómo una gitana de San Miguel enseña compás a un austriaco virtuoso, concretamente, a Wolfgang Amadeus Mozart. Suponemos que Miriam Méndez, en sus estudios de piano por Centroeuropa, más de una vez acabaría sorprendida, pero también, aburrida por el talento ajeno. Entonces nos damos cuenta de que su tía Aurora es ella misma enseñando compás, un poco lo que hizo cuando publicó Bach por flamenco.
La pianista despide su recital acordándose de su tío Manuel Molina, con quien vivió una de sus últimas juergas precisamente en Jerez, y canta aquello de Dime, dime, dime si has cortao alguna flor sin que temblaran tus manos, dime si de verdad crees en Dios como crees en el fuego cuando te quema…
De Jerez al cielo bien podría ser un opening con barra libre de vino fino, un espectáculo para escuchar, pero también para reír y disfrutar, que buena falta hace. Miriam Méndez transmuta, hace un alegato del amor sano, recuerda que si no has tenido a gente tóxica en la vida, “la persona tóxica eres tú”. La pianista tiene un cuerpo magnético, un espíritu artístico. Ha ido al cielo a por compás y lo ha regalado en San Miguel. La gypsy woman que merecemos.
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