Fórmula 1

Una marca con estrella

  • Mercedes, fabricante en 1886 del primer coche de la historia, obra de Carl Friedrich Benz, comenzó en la competición impulsado por el Tercer Reich.

En 1880 Gottlieb Daimler inventaba un vehículo que no necesitaba tracción animal, propulsado por combustión interna. Años más tarde, en 1886, Carl Friedrich Benz patentaba el Motorwagen, con tres ruedas e impulsado por un motor de explosión y no de vapor, que está considerado el primer automóvil de la historia. Su chófer pionero fue una mujer, su esposa Bertha Benz. Consciente de que el ingenio fabricado por su marido necesitaba llamar la atención pública, con vistas a su explotación comercial, Bertha, acompañada de sus dos hijos, viajó en 1888 desde Mannheim a Pforzheim, a casa de su madre. Wiesloch fue el primer punto de abastecimiento. El boticario de este pueblo les sirvió agua y bencina para aquel extraño vehículo. La siguiente estación fue en Bretten, empujando luego el auto en la carretera que ascendía hacia Bauschlott. Allí un zapatero facilitó cuero de repuesto para los frenos. A Pforzheim llegaron de noche, sanos y salvos, a pesar de que el coche no tenía luces. Herr Benz no se enojó cuando descubrió la fuga, más bien al contrario, quedó muy satisfecho de la proeza lograda por sus vástagos. Frau Benz fue el primer conductor en hacer un viaje de larga distancia, y también en cometer una infracción, pues las pruebas de automoción sólo se permitían en el recinto de las fábricas.

Ambos inventores no se conocían, en 1926 sus respectivas compañías se daban la mano y a partir de entonces crearon la empresa Daimler-Benz. El prestigio de fabricar los mejores turismos de alta gama, la excelencia como seña de identidad, lo representa su logotipo: una estrella plateada inscrita en un círculo. Aparecida por vez primera en un automóvil el año 1909, parece ser que tiene su origen en una carta que Daimler escribió a su familia, marcando sobre un plano el punto exacto donde estaba ubicada la factoría. Sus tres puntas simbolizan los elementos -tierra, mar y aire- en que los motores Daimler habían sido pioneros, así como su capacidad para funcionar en cualquiera de ellos (vehículos, lanchas, aviones o zeppelines). El origen de su mítico nombre se remonta al pórtico del siglo pasado. En 1900 Emil Jellinek, diplomático y empresario austriaco, ofreció comprar 36 unidades y ser el distribuidor exclusivo para su país si bautizaban el próximo auto con el nombre de su hija, Mercedes. La denominación del nuevo modelo, Mercedes Daimler-Benz, gustó a los fabricantes y se convirtió en el letrero de la marca. A la muerte de Daimler en 1929 se vendió su nombre registrado, quedando solo Mercedes-Benz.

Con la llegada del nacionalsocialismo al poder, la estrella de tres puntas fue utilizada como instrumento propagandístico. Hitler quería demostrar al mundo que Alemania era superior al resto y su industria resultó el medio adecuado para expresar la capacidad de la técnica e ingeniería germana. En el Salón del Automóvil de Berlín (1933), el nuevo canciller anunciaba su programa de financiación del Estado para el mundo de la automoción. Una de sus prioridades fue el mundo de la competición. El plan político era que el Tercer Reich detentara una hegemonía total, obtener éxitos deportivos que fomentaran el orgullo nacional. Esta directriz gubernamental aceleró el avance y desarrollo tecnológico, en la búsqueda de los mejores resultados. Se trataba de fabricar los mejores bólidos para conseguir la victoria en los Grandes Premios, y combatir el dominio de Bugatti, Maserati y Alfa Romeo.

Se creó un departamento autónomo dirigido por el histórico Alfred Neubauer. Para Mercedes corrieron nombres famosos: Luigi Fagioli (italiano de fuerte carácter), Rudolf Caracciola (alemán pese a su apellido) o Manfred von Brauchitsch (sobrino del mariscal Walther). El Estado poseía intereses innegociables en el equipo y podía impartir disposiciones terminantes. Una de ellas era que sólo un piloto alemán debía ganar con Mercedes. El caso más evidente sucedió en la Eifelrennen (Nürburgring) de 1934: Fagioli iba líder destacado, pero se le dio orden de dejar pasar a su compañero Brauchitsch. El italiano, al borde de la línea de meta, paró su monoplaza, se bajó y allí lo dejó.

Durante el quinquenio 1934-39 Mercedes vivió una época dorada (o mejor dicho, de plata). Su dominio en las carreras era abrumador. Una etapa gloriosa, de grandes progresos y avances para el automovilismo deportivo, que se vio truncada por el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Sus fábricas son destinadas a la producción militar: motores para aviones, tanques, carros de combate, camiones. Finalizado el conflicto bélico, se dedican a la reparación y el mantenimiento de vehículos del ejército aliado, hasta que en 1949 regresan a las carreras. El siguiente objetivo de la estrella es debutar en el Campeonato del Mundo de Constructores (la Fórmula 1), cuyo primer Grand Prix se disputa el 13 de mayo de 1950 en el circuito de Silverstone. Pero esa es otra historia.

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