Sector Agrario

Trabajar en el campo

  • Jóvenes agricultores desgranan los sacrificios y bondades de trabajar en el campo, como el horario laboral y el poco margen de beneficios, pero al que les une su amor por la naturaleza

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Cuando uno va a comprar al supermercado no se imagina el gran trabajo que hay detrás de productos como el aceite, el algodón o el maíz. Labor que realizan jóvenes agricultores como Natalia, Jorge y Germán. Son tres historias diferentes pero con un mismo factor común: trabajar en el campo y emprender. Asimismo, los meses de verano, cuando para otros suponen un descanso, para los trabajadores del campo no.

A pocos kilómetros de Jerez están situadas las tierras que tiene arrendadas Natalia Jiménez, una agricultora de 39 años que desde tan solo hace tres se dedica a trabajar en este sector. Anteriormente se dedicaba a la organizar eventos, pero tras ver que en ese negocio no le iba como le hubiera gustado, se planteó renovarse y probar en el sector agrario. En un principio era una idea que le gustaba y que afrontaba con muchas ganas, a pesar de su inexperiencia. Después de mucho estudiarlo, no dudó en apostar por esta nueva vida laboral.

En un primer momento arrendó unas tierras y comenzó plantando 15 hectáreas de olivo. La variedad de aceituna que ella cultiva no es de mesa, sino destinada a hacer aceite de oliva, ya que considera que es un cultivo rentable, y así no plantar lo típico de la zona como puede ser el cereal.

Eso sí, a la hora de sembrar los olivos lo hizo utilizando la técnica de súper intensivo, que consiste en podar el seto de manera constante, para que siempre se quede así y no se convierta en árbol. De esa manera, queda un sistema más mecanizado y moderno de recogida de la aceituna. Éstas serán recogidas para otoño. Pero no es este el único cultivo que tiene, hace un año que plantó diez hectáreas de almendros. Aunque, los almendros sí siguen el curso tradicional y llegarán a ser árboles. Éstas se recogerán para el mes de diciembre o enero. “Eso de levantarme temprano e ir al campo me encanta”, afirma Natalia. Y es que a pesar de empezar de cero y llevar pocos años en el sector, se ha adaptado bastante bien, y es que según ella misma dice, “esto tendría que haberlo descubierto mucho antes”. Asimismo, es donde se imagina seguir trabajando en un futuro.

Su trabajo diario consiste en ir temprano al campo sin saber a qué hora volverá a casa. Y dependiendo de la época o de las plagas de insectos, pues tendrá que podar, poner tratamientos al cultivo y vigilar que no haya ninguna plaga, entre otras cosas. Y si ya es un trabajo sacrificado, en verano se hace más complicado debido a las altas temperaturas. Los trabajadores del campo intentan llevarlo lo mejor posible, madrugando bastante para trabajar con la fresca, y así poder evitar exponerse a la horas de más calor al sol. Según explicaba la agricultora, “es un trabajo continuo durante todo el año, ya que cada cultivo tiene su tiempo y su tratamiento fijado en el calendario. Y las horas que se le echa al campo también depende del clima, debido a que cuando hay viento no se pueden aplicar productos”.

Además, este trabajo no entiende de fin de semana, si hay una plaga, aunque sea domingo, se tiene que actuar. De este modo, en épocas como la primavera no se para porque es cuando más plagas suele haber. El otoño también suele ser intenso porque es cuando se realizan las recogidas del cultivo. De manera que la época más tranquila es el invierno. En cuanto a la mecanización del trabajo agrario, “me parece básico sobre todo porque abarata mucho los costes. Necesitas grandes inversiones para mecanizarse, pero a la larga merece la pena”, explica la trabajadora. Y esto se debe a que “el agricultor no es el que más se beneficia de todo esto, normalmente hay muchos mediadores de por medio hasta que ese producto llega al supermercado. Entonces eso es lo que encarece el producto y no el agricultor”, sentencia Natalia.

En sus comienzos trabajaba sola, pero ahora cuenta con la ayuda de dos personas más. Y es que hay muchos trabajos manuales como el de podar uno por uno todos los olivos. Cuenta con un total de 20.000 setos, algo muy laborioso. Entre algunas de las ventajas que encuentra esta joven es que antes se dedicaba a realizar eventos y siempre estaba liada y, aunque ahora también lo está, se puede organizar ella misma, algo que supone una mejor conciliación familiar. Otra de las ventajas que destaca es que “me ha encantado el sector y estoy contenta. Cuando te gusta tu trabajo lo compaginas mucho mejor que si no te gusta”. Además, cuenta con un gran apoyo por parte de su padre, que en alguna ocasión le ayuda con los papeles de la empresa, ya que éste ha sido empresario.

El caso de Jorge Capel es similar al de Natalia, ya que ambos apostaron por la renovación laboral. Después de dedicarse gran parte de su vida a la construcción y a ser camionero, se decantó por la profesión a la que se quiere dedicar el resto de su vida, agricultor. Jorge tiene 39 años y desde hace un año trabaja en el campo. Se fue adentrando en el mundo de la agricultura de la mano de su padre, hace nueve años, ya que éste empezó con tierras hace muchos años y ahora es Jorge quien continúa con ellas. Desde siempre le había gustado el campo y, por muy sacrificado que sea, prima más hacer lo que le gusta. En las tierras tiene cultivo tradicionales de la zona como son el maíz, la remolacha, el tomate, el girasol y el algodón. Este último se recoge a mediados de octubre.

El proceso por el que pasa el algodón hasta que se recoge es el siguiente: se siembra a mediados de abril aproximadamente, que es cuando se pone la plantera. Ésta se riega para que no le falte la humedad y cuanto más calor, más rápido crece. En algunas ocasiones se regula con agua el crecimiento, e incluso cuando la planta tiende a viciar o crece más de la cuenta, se utilizan unos productos para controlarlo. Posteriormente, salen las flores y éstas pasan por diferentes colores, hasta que finalmente se forma la cápsula de algodón.

El agricultor va todos los días al campo para regar, quitar malas hierbas en caso de que haya y poner tratamientos si es necesario. Un trabajo diario en el que se echan muchas horas, “desde que sale el sol por la mañana hasta que se va, todos los días. Esto no tiene horarios”. Así lo explica Jorge Capel. Algo en lo que coincide con Natalia es que si el campo no se mecaniza, no tiene tanto margen de beneficios y es que “los costes de producción en relación al precio que tiene de salida, pues tampoco da como para tanta mano de obra”, afirma el agricultor. Además, ahora en verano apenas dispone de tiempo libre para pasarlo con su familia, y no le queda otra que aprovechar el invierno para pasar más tiempo con los suyos.

Y por último, se encuentra el caso del agricultor Germán Gilabert, de 33 años, quien se dedica al campo desde los 18. Al igual que él, lo hizo su padre y su abuelo. Germán es la tercera generación de su familia que se dedica a trabajar en este sector. Cuando era un niño ya ayudaba a su padre en el campo. Es agricultor joven desde hace un año y anteriormente trabajaba con su padre.

Su trabajo diario es el de llevar al día las tierras que tiene a renta. En ellas tiene cultivos como el algodón y el maíz. Asimismo, sobre la mecanización en el campo afirma que “tal y cómo están los precios te tienes que modernizar. Los precios no están como a uno le gustaría realmente como para que te dejarán una renta desahogada”. Y coincide con los otros dos agricultores en que hay que dedicarle mucho tiempo al cultivo. Según dice, “todo lo que le eche es poco”.

Esa es una de las desventajas que Jorge encuentra en este sector, que hay que echar muchas horas. Y a pesar de que en alguna ocasión se ha planteado abandonar por el poco margen de beneficio que obtiene, sigue trabajando en el campo por el contacto con la naturaleza.

Estos tres autónomos son jóvenes agricultores, ya que cumple uno de los requisitos para ello, tener entre 18 y 40 años. Y lo que sí está claro es que por muy sacrificados que estén lo hacen disfrutando del campo.

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