Amancio Prada en Jerez: "El silencio es un lujo"

El cantautor leonés ofrecerá el próximo 7 de febrero, a las 20 horas, en el Teatro Villamarta, el concierto 'Libremente. 50 años en escena'; aquí, una conversación sin prisas con un trovador actual, autor y voz singular de la poesía peninsular

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El cantautor Amancio Prada.
Jesús Sánchez-Ferragut

01 de febrero 2026 - 05:50

Amancio Prada (Dehesas, León, 1949), trovador actual, autor y voz singular de la poesía peninsular, nos da la oportunidad de conversar con él largo y tendido, sin prisas, respetando los silencios. Nos cuenta desde sus primeros pasos como cantante hasta su actual creatividad con nuevas canciones, poniendo en el centro, como siempre se repite en toda su obra, el silencio, la palabra, la escucha, y esa capacidad de encarnar al poeta cantando el tiempo del poema, haciendo que la música nazca del texto y no al contrario, invitándonos a escucharlo olvidándonos de todo, despojándonos de todo lo sabido y de lo conseguido… El compositor e intérprete ofrecerá el próximo 7 de febrero, a las 20 horas, en el Teatro Villamarta de Jerez, el concierto 'Libremente. 50 años en escena'.

Comenzamos la entrevista recordándole los versos de San Juan de la Cruz: Descubre tu presencia, / y mátenme tu vista y hermosura; / mira que la dolencia de amor / que no se cura sino con la presencia y la figura.

Pregunta.La palabra tiene una prosodia emocional propia ¿Cómo escucha usted esa emoción y cómo decide armonizarla en su canto?

Respuesta.Porque a veces tengo la impresión de que es la propia palabra la que me dicta la música, la melodía, más precisamente. Porque yo creo que no se trata tanto de añadir música a la letra, sino de extraer, por seguir citando a San Juan de Cruz, la música callada que la poesía lleva dentro; la sonoridad de cada palabra o de cada verso. Y si a eso luego se le añade la presencia y la figura, entonces yo creo que es algo añadido muy importante. La dolencia de amor que no se cura, sino con la presencia y la figura. Porque la música no reside en el papel, o reside en el papel pero está callada. Se necesita una voz que le dé vida. Cuando esa presencia, esa figura ocurre en un momento determinado, que no se va a repetir nunca, es cuando tomas conciencia de que el canto está renaciendo siempre.

P.Amancio Prada adapta su música al alma del texto, no al revés. En su repertorio encontramos una personalísima concepción cantada de la poesía española. ¿En qué momento de su vida decidió ese estilo de canto que encarna el poema, y que lo respira?

R.Pues yo creo que no lo decidí en un momento. No fue una decisión, sino una emanación, digamos. Como yo no escogí o no decidí ser músico, ser cantante, sino que la vida, el camino andado me fue llevando a donde querer quería, pero que no me atrevía ni a soñarlo. Nací en un mundo rural, pero rodeado siempre del canto. De aquel canto con el que se acompañaban las labores, con el que se consolaban las penas y se exaltaban las alegrías. Esa afición se plasmó siendo solista de un coro de niños con los Salesianos. Luego cantando con una orquesta mientras hacía el bachillerato y después con 18 o 19 años, cuando me caí del caballo 'Antonio Molina' en el que venía yo galopando tan contento… cuando escuché la voz de Paco Ibáñez cantar andaluces de Jaén, por ejemplo… Ahí fue cuando se me apareció la poesía. Entonces leí a Bécquer y a Rosalía que fueron quienes inspiraron mis primeras canciones. Y ni siquiera era consciente de estar haciendo una canción, simplemente yo leía a Rosalía y aquellos versos me llegaban al alma y luego salían del alma entonados. Me he dado cuenta de que cuando la música no es añadida, sino extraída, ilumina el pensamiento, lo hace más claro. Comprendes mejor el poema, y aumentas la emoción, conviertes cada poema, cada verso como en una especie de dardo encendido.

P.¿Qué es el canto para Amancio Prada?

R.Para mí cantar es como respirar, es mi forma de estar en el mundo. No me imagino otra forma. 

P.Su música no se limita a interpretar un poema: lo encarna, lo respira, contiene silencios. Podría preguntarle por los cantantes de protesta actuales o por quienes trabajan con autotune, pero lo que realmente me interesa es saber de qué trasciende su canto, quizá para comprender lo que en él encuentro y no encuentro en las formas actuales.

R.No siento especial interés por autoanalizarme. Cuando me pongo a componer un poema es porque el poema me lo está pidiendo y yo lo oigo. O, no es que oiga la música, pero a veces es un verso, es una palabra, es algo como un hilo de luz del que luego vas tirando y va saliendo. Pero así a priori, no es que me proponga esto o aquello, es la forma de expresarme tanto a mí como al poeta al que canto. Y sé que de esa forma, igual que yo me siento expresado por otros poetas y por otros cantores, otros se sentirán también expresados por lo que por lo que hago. Es como una cadena y una sucesión de afectos y emociones.

P.¿Qué sería para usted lo antagónico de su canto, que encarna conceptos como la presencia o el silencio?

R.El ruido. Ese ruido o esa música, que a veces sin culpa alguna se convierte en ruido, porque se suma el ruido de los televisores, de la calle, de las conversaciones. Yo creo que el silencio es un lujo. Es un lujo encontrar un lugar público donde puedas estar y que haya silencio.

P.Cuando Amancio desarrolla su actividad creativa, ¿qué le resulta más laborioso: crear la melodía o acertar con el tono emocional adecuado?

R.Es que yo entiendo que la melodía, como intentaba decir antes, tiene que nacer de la letra. Entonces, una condición primera es que la simple lectura del poema provoque en ti ya una emoción. Es esa emoción la que motiva, la que mueve y conmueve el canto. Si el canto no nace con emoción, no puedes emitirlo. O, al menos a mí, se me cae al suelo y no lo recojo. 

P.Su obra exige una escucha atenta, lenta, casi ritual. ¿Qué actitud o sensibilidad cree usted que permite al oyente participar plenamente de sus trabajos? O de otra manera, ¿algún consejo para escuchar y entender sus trabajos?

R.Olvidarse de todo. Regalarte un silencio para poder oír algo como si fueras un folio en blanco donde se imprime por primera vez un sonido, una voz y una palabra. Esa inocencia, ese no saber. El oír y ver las cosas por primera vez… Despojarse de todo lo sabido y de lo conseguido.

P.Usted ha trabajado la palabra de Rosalía de Castro y de Santa Teresa desde una estética acústica y contemplativa. Rosalía Vila, la cantante actual, en cambio, se acerca a Santa Teresa desde un lenguaje digital. ¿Qué le interesa de ese contraste de timbres, de tiempos y de modos de trabajar un mismo texto?

R.No conozco lo que ha podido cantar Rosalía de Santa Teresa, conozco una canción que canta de San Juan de la Cruz, a la que yo también he puesto música, pero ella canta la música que le compuso Enrique Morente, hermosísima por cierto. A mí me encanta Rosalía. Tengo que decir que me gusta más cuando hace canciones como 'Si me vas a elegir', por ejemplo. Esa versión que ha hecho de esa canción con ese coro detrás, y que tiene unas armonías tan contemporáneas, tan finas… Tiene una forma de cantar en la que yo me identifico mucho con su fondo. Cuando canta la 'Hija de Juan Simón', o 'Palabras para Julia', es enorme, tiene poderío, tiene una hoguera en el pecho esa criatura.

P.En su obra hay a menudo diálogos entre la palabra y el silencio. Entremos ahí. ¿Diría que el silencio es su forma de rubato musical interior, una elasticidad del tiempo al servicio del verso?

R.Sí. El silencio es como si abriera o dejara paso, o acogiera a la música. La música anida en el silencio. Y lo requiere. Y cuando una obra te emociona, te conmueve, lo que viene después es el silencio… En ese sentido es el mejor aplauso, el mejor reconocimiento. El silencio. Lo que pasa es que existe la convención de aplaudir al acabar una canción. Pero me gustan esos segundos de silencio que se crean cuando terminas una canción antes de que el público no tenga más remedio que empezar a aplaudir. Yo, por ejemplo como espectador, muchas veces me quedo en silencio, pero luego participo también de esa experiencia de exclamación, expresión y celebración, aplaudiendo.

P.¿Los silencios cambian con cada poeta? ¿Son iguales un silencio místico y un silencio emocional?

R.No sabría responder a eso. La mayoría de mis trabajos son monográficos. Son casi todos dedicados a un solo poeta, Bécquer, Rosalía, Manrique… en fin, todos esos poetas a los que he cantado. Pero a medida que transcurre el tiempo, me doy cuenta de que los poetas son como afluentes distintos de un mismo caudal que nos alimenta y nos lleva a la mar, que diría Jorge Manrique. Yo encuentro que, por ejemplo en Lorca resuena Rosalía de Castro, literalmente, porque uno de sus seis poemas gallegos comienza citando unos versos de Rosalía ya tenía una gran admiración por ella. Pero en Lorca también resuena Juan de la Cruz, o Santa Teresa de Jesús, porque: “Llena, pues de palabras mi locura, o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre oscura, que si vivo sin mí, quiero perderte”. A la vista, mostrando el alimento que ha recibido leyendo a San Juan de la Cruz. Todos los poetas se dan la mano, se dan el alma…

P.Cantar desde el cuerpo, cantar el tiempo, el poema con escucha lenta o cantar desde el software y el algoritmo para el entretenimiento inmediato, son dos formas de canto que pueden convivir en el siglo XXI, ¿Pero son estéticas filosóficamente irreconciliables?

R.No creo. De todo hay en la viña del señor. En toda esa pajarería, hay ruiseñores que cantan. Cada uno tiene su voz. Y Hay también momentos distintos en los que lo que resuena dentro de uno es una querencia u otra. Una música, otra música… Para eso estamos los cantores y por eso somos distintos todos para que en un momento dado el acento de alguien pueda llegar distintamente a ti, porque en ese momento es lo que tú querías oír, aun antes de saberlo. En mi caso, como decía antes, yo soy un manzano que da manzanas y no me propongo escribir al dictado de los demás. Yo atiendo al interior. Como dijo usted al principio, y lo ha repetido ahora, esa música necesita un cuerpo. Se canta con el cuerpo. Se canta con todo lo que uno es y tiene. A la hora de grabar una canción, plasmar el cuerpo, el rostro, la presencia y la figura que motivó la grabación, es para mí lo más difícil. Es lo que más me inquieta y me preocupa a la hora de grabar un disco, es decir, ¿Cómo hacer que una foto fija de un instante quede ahí para poder expresar lo que sabes que está en continuo movimiento? Pues te encierras en un estudio de grabación, cierras los ojos, en silencio y atendiendo al interior y que salga lo que Dios quiera.

P.¿Se siente usted puente entre la tradición y la contemporaneidad? ¿Qué significa tradición para usted en 2026?

R.Para mí la tradición es todos los años vividos desde mi infancia, llenos de música, músicas que ya entonces venían de más atrás. Y tradición es de pronto descubrir a los trovadores galego-portugueses por “cantigas de amor y de amigo” y ver que, si no todas, algunas de ellas han conservado el fuego, la emoción con la que nacieron y uno es capaz de revivirlas a tu modo. La tradición no es algo la que en mi caso pueda acercarme ella como un estudioso. No. Tradición es lo que uno ha vivido, lo que uno ha leído, ha escuchado, y es por eso por lo que un músico se tiene que alimentar no solamente de la música. La música es el resultado, pero no basta con aprender contrapunto, música, armonía… Hay que ver exposiciones, hay que ver cine, hay que leer poesía, ver atardecer, contemplar la lluvia… Todo eso te ayuda y luego, de alguna manera, si eres artista, se refleja. Esa es la tradición, lo que uno lo ha vivido.

P.¿Qué ocurre cuando Prada canta a Prada poeta?

R.Pues que además puedo darte una relación más directa, porque recuerdo el momento cuando escribí la canción, o si el canto a los labradores porque es la infancia que viví yendo delante de las vacas que tiraban de aquel arado romano que empuñaba mi padre, mientras iba canturreando y sembrando en el surco recién abierto, no solo el trigo, sino también su propio canto. Y no solamente lo sembrada en ese surco, sino en mi pecho también dentro de mí. Cuando canto Rosalía o a García Calvo, etc., lo hago como olvidándome de que soy yo, porque también es lo que siento.

P.¿Qué puede decir al público que le aguarda en Jerez para su concierto del día 7 febrero?

R.Pues que cuando voy a cantar a un sitio, recuerdo siempre las veces que he ido anteriormente a cantar allí. Y recuerdo la primera vez que fui a cantar a Jerez, a mediados de los 80 a cantar el cántico espiritual de San Juan, en la Iglesia de Santiago, y uno de los organizadores me dijo: "No sé si sabes que has estado cantando en el barrio más gitano y más flamenco de Jerez". Y me impresionó cómo la gente aplaudió el cántico. Yo entonces ni siquiera sabía lo que había escrito Lorca de Juan Ramón Jiménez ni lo que había dicho Antonio Machado de San Juan de la Cruz, el poeta más hondo de España. Me alegró, pero no me extrañó, porque hay mucho cante jondo, en San Juan de la Cruz. Después, también he cantado en el Teatro Villamarta un par de veces. También recuerdo cantar en la Catedral de Jerez, y me gustó mucho su acústica.

R.Esta vez voy a Jerez con un programa que se llama 'Libremente' y antes que hacer un programa monográfico sobre algún poeta, he preferido hacer un programa en el que, en teoría, puedo cantar lo me dé la gana. Pero empiezo a pensar y cada vez me sale un listado distinto y en un orden distinto. Aunque ya no me preocupa eso de ir con un repertorio cerrado, porque cada escenario, en cada momento me evoca siempre unas canciones. Pero es cierto que siempre aparecen Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Antonio Machado y, por supuesto, Agustín y García Calvo y Rosalía, que seguro van a estar presentes. Pero también voy a cantar canciones inéditas, porque siempre uno tiene preferencia por ese pan recién sacado del horno.

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