El colosal reto de volver a poner en marcha la depuradora de Jerez

Aqualia trabaja a marchas forzadas para que la planta vuelva a tener electricidad y reanudar así parte del tratamiento de aguas residuales

Las instalaciones se pararon el día 5 tras inundarse por la crecida del Guadalete

La compañía cifra en unos siete millones de euros los daños provocados en la planta por el temporal

Así se encuentra la depuradora de aguas residuales de El Portal

Un operario limpiado de lodo una de las zonas de la depuradora de Jerez.
Un operario limpiado de lodo una de las zonas de la depuradora de Jerez. / Manuel Aranda

Aunque el martes 3 de febrero el río se situó ya en nivel rojo al sobrepasar los seis metros de nivel a su paso a la altura del puente de la Cartuja no fue hasta el día siguiente cuando el agua empezó a inundar el principal vial interior de la estación depuradora de aguas residuales de Jerez, ubicada en El Portal. En la noche del día siguiente, cuando el Guadalete había superado ya los 6,40 metros tras una crecida de casi medio metro en menos de poco menos de 12 horas, hubo que evacuar la planta.

En esas horas previas, los trabajadores se afanaron por realizar todo lo necesario para parar la depuradora y salvar la maquinaria y equipos que dieran tiempo porque la inundación era inevitable. De hecho, en la mañana del día 5 ya no se podía acceder a la planta, ni siquiera, al estar totalmente anegada. El agua había convertido en piscinas los sótanos donde están los motores que mueven la maquinaria de las distintas fases de tratamiento de las instalaciones y los viales del recinto estaban sumergidos que hasta se podía navegar por ellos. Mientras, en el edificio de oficinas, en los almacenes y en los vestuarios el nivel del agua y lodo superó el metro de altura. La inundación fue de tal magnitud que los primeros responsables de la empresa responsable de las instalaciones y los trabajadores no pudieron acceder hasta pasada casi una semana, cuando el nivel del río empezó a descender.

La imagen que se encontraron fue desoladora, tal y como relata Lola López Godoy, gerente de Aqualia en Jerez. "Era agua y lodo por todas partes", rememora. La inundación llegó hasta alcanzar el nivel de algunos depósitos de decantamiento y la tubería de vertido del agua de la planta ya tratada al canal de salida hacia el Guadalete se inundó completamente por lo que el propio río hizo de tapón que impedía desaguar —esto provocó que se temiera que el alcantarillado de la ciudad llegara a colapsar, aunque finalmente la red acabó soportando los mayores aguaceros—. Se encontraron tapas de alcantarilla y arquetas a varias decenas metros de donde estaban, lo que dificultó notablemente su reubicación. Y hasta una cuba utilizada para el depósito de residuos acabó flotando y siendo arrastrada por el agua por el interior de las instalaciones.

Así estaba la depuradora de Jerez, inundada por la crecida del río Guadalete (imágenes cedidas por Aqualia)

A día de hoy, y a pesar del ímprobo trabajo de limpieza realizado hasta ahora, la depuradora de Jerez continúa sin poder arrancar por lo que el agua residual de la ciudad se está vertiendo directamente al río a través de un canal de desagüe situado en la parte oeste de las instalaciones y que, en condiciones normales, estaría completamente vacío. "Nuestra prioridad es volver a ponernos en marcha lo antes posible", afirma López, quien en todo momento agradece el esfuerzo que está realizando el personal de la planta desde el primer día para que la normalidad vuelva a estas instalaciones situadas en El Portal.

El primer objetivo: recuperar el suministro eléctrico

El mayor reto que ahora mismo afronta la depuradora del Guadalete es recuperar el suministro eléctrico para que la planta "arranque como sea". A día de hoy, se siguen revisando uno a uno todos los equipos que conforman el complejo sistema eléctrico de las instalaciones que se ha visto seriamente afectado, una labor que están acometiendo tanto el personal de la planta como de empresas subcontratadas como Ametel o ABB (que suministra los equipos). Se prosigue con las arduas labores de limpieza y de valoración de daños, pero no se oculta el temor de que la práctica totalidad de los equipos eléctricos y su correspondiente cableado tengan que ser renovados.

Un operario secando los dispositivos del centro de transformación, el 'corazón' de la depuradora.
Un operario secando los dispositivos del centro de transformación, el 'corazón' de la depuradora. / Manuel Aranda

Según explica la gerente de la empresa concesionaria de estas instalaciones, se confía que en esta semana se pueda recuperar parte del suministro eléctrico. Ahora bien, en caso de no poder poner en marcha los equipos existentes, se baraja seriamente la posibilidad de recurrir a una solución temporal mediante la instalación de equipos electrógenos que permitan reanudar parte del proceso de depuración. Lola López afirma rotunda: "En nuestro ADN como empresa está en esforzarnos al máximo para arrancar la depuradora como sea".

Los responsables de Aqualia no ocultan su preocupación porque se está vertiendo agua no depurada al río. Y, dado que aún se tardarán meses en que las instalaciones puedan volver a la normalidad, se pretende minimizar el impacto ambiental centrando los esfuerzos en recuperar, al menos, la fase de pretratamiento de aguas a corto plazo tan pronto se recupere el suministro eléctrico, ya sea con equipos propios o con los grupos electrógenos que se instalen. Esto permitirá reducir en parte los residuos procedentes del saneamiento y alcantarillado de la ciudad, fundamentalmente objetos (como toallitas de baño) y otros sólidos en suspensión. "Es nuestra mayor prioridad y ahí es donde nos estamos esforzando al máximo", indica la responsable de Aqualia en Jerez.

Antonio, un experimentado operario eléctrico de la planta, recuerda que no es la primera vez que la depuradora se inunda. "Yo he vivido cuatro inundaciones, pero el problema de esta es que pasó rápidamente", señala mientras se afana por limpiar y secar con productos especializados y una brocha los dispositivos del centro de transformación eléctrica, el "corazón" de la depuradora de El Portal. "Al menos ya se ha podido eliminar buena parte del olor a lodo, que era horroroso", rememora el trabajador.

Una vez se pueda reiniciar la primera fase del proceso de depuración, la compañía afrontará el siguiente reto de retomar el tratamiento secundario, la fase donde se elimina la materia orgánica mediante la ayuda de bacterias y microorganismos. El problema es que, al no poder arrancar las turbinas que generan el oxígeno necesario para este proceso natural, se desconoce en qué estado están estos "bichitos", por lo que será necesario hacer un cultivo para regenerar estos elementos biológicos.

En las placas solares aún está la marca el nivel que alcanzó el agua en la depuradora.
En las placas solares aún está la marca el nivel que alcanzó el agua en la depuradora. / Manuel Aranda

Robo de material

Pero, como dice el refranero, las desgracias nunca vienen solas, y a la inundación se sumó que, un día antes de que el personal volviera a las instalaciones, la empresa detectó que le habían robado material. A pesar de que había vigilancia en la planta, se comprobó que le habían sustraído cobre y maquinaria que se encontraba almacenada en una de las naves, un robo con un coste estimado de unos 45.000 euros aproximadamente. La denuncia ya está puesta ante la Policía Nacional.

La inundación de las instalaciones también ha supuesto un reto para organización interna de la propia concesionaria. La depuradora es el centro operacional de su actividad en Jerez en la que trabajan en torno a 70 personas que, en su mayoría, han tenido que ser reubicadas. Además, el personal aún no puede utilizar los vestuarios, aunque el Ayuntamiento les ha habilitado una zona de vestuarios en una de las piscinas municipales de la ciudad para que puedan ducharse y cambiar de ropa. Eso sí, la compañía también tendrá que adquirir nuevos electrodomésticos para la lavandería que tenían en la EDAR y que era utilizada por los trabajadores para sus uniformes de trabajo. También se trabaja en reacondicionar la zona administrativa, cuya primera planta quedó totalmente anegada, y se ha podido retomar la actividad, aunque de manera precaria, en la zona de laboratorio, donde se han vuelto a analizar muestras de vertidos, aunque bien es cierto que muchos de los equipos necesarios para esta labor también se vieron inutilizados por lo que deberán ser renovados.

A esto se suma que la mayoría del parque de vehículos es eléctrico, una flota que se recargaba precisamente en la depuradora. Todo el sistema de realimentación, que llevaba instalado desde hace poco más de un año, ha quedado inutilizado por lo que ahora esta labor se está realizando en un punto de recarga de un centro comercial de la ciudad. Los vehículos, eso sí, pudieron sacarse a tiempo.

También se da por prácticamente perdida la inversión en placas solares que se hizo en los últimos años y que daba suministro a la planta depuradora. Se teme que la gran mayoría, así como los inversores y centros de transformación hayan quedado inutilizados tras la anegación —en algunos paneles son bien visibles el nivel que llegó a alcanzar el agua—. Y hasta el sistema de riego de los jardines de la instalación han resultado dañados. Mientras, en el departamento de innovación (I+D), donde desde hace unos años empezó a desarrollarse un proyecto para la obtención de hidrógeno verde mediante aguas residuales, tampoco están operativos, unos equipos que también se vieron afectados por el incendio en el cuadro del sistema de alimentación autónomo que tenía estas instalaciones.

Aqualia ya ha realizado una primera estimación de daños y calcula que las pérdidas pueden rondar los siete millones de euros, solo en equipos y motores. Ahora bien, esto no deja de ser una primera valoración dado que se continúa supervisando y limpiando todos los equipos para su puesta en funcionamiento. En 1996, cuando ocurrió una de las últimas inundaciones, las instalaciones tardaron en ponerse en marcha "mes y medio aproximadamente", según explican los responsables de Aqualia. En aquella ocasión, la planta tenía apenas dos años de vida —se había inaugurado en 1994—, pero ahora ya tiene más de 30 y con más equipos eléctricos y electrónicos que entonces, mucho más vulnerables a este tipo de episodios. Lola López lo asemeja a un humano: "No es lo mismo recuperarse de un resfriado cuando tienes 18 años que con 30 años más".

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