Educación

El virus que lo cambió todo

  • El curso escolar 2019/20 concluye entre hoy y mañana marcado por la pandemia y con tres claros vencedores, alumnado, profesorado y familias

Una imagen de un centro educativo de la ciudad. Una imagen de un centro educativo de la ciudad.

Una imagen de un centro educativo de la ciudad. / Miguel Ángel González

Según el calendario escolar de la provincia, hoy será el último día lectivo para Infantil, Primaria y Educación Especial, y mañana para Secundaria, Formación Profesional y Bachillerato. Acaba el curso, un curso marcado por una pandemia que, sin lugar a dudas, marcará un antes y un después en la educación del país. Ni siquiera los polémicos cambios de ley educativa, han provocado una marejada tan grande como este Covid-19, que ha puesto de manifiesto infinidad de carencias y que ‘invita’ a un cambio de modelo educativo a todos los niveles.

Los alumnos y el propio profesorado se marcharon de los centros un 13 de marzo, pensando, como cualquier fin de semana, en volver el lunes. Sin embargo, la vuelta nunca llegó. A partir de entonces, la situación de miles de estudiantes y miles de docentes, amén de sus familias, cambió radicalmente.

Hasta entonces, el curso 19/20 en Jerez había transcurrido con normalidad y con buenas noticias, como la inauguración, por fin, del nuevo instituto de la zona de San José Obrero y La Granja, una reivindicación de décadas que se hacía realidad tras la presión de los padres, a través de la coordinadora. Con un coste superior a los cuatro millones de euros, el centro abría sus puertas a mediados de septiembre, para acoger a 450 alumnos y descongestionar una situación complicada en los colegios de procedencia de éstos.

El Covid-19 ha sacado a la luz las carencias del sistema educativo en muchos aspectos

Pero no todos fueron buenas noticias, ya que un año más (parece que da igual quien gobierne), las deficiencias en los recursos educativos volvieron a ser protagonistas al iniciarse el curso. Así, la falta de PTIS en muchos centros de la ciudad con alumnos con NEAE echaron a los padres a la calle para pedir, “lo que marca la ley”, apunta Verónica Guerrero, presidenta de la Flampa. Las carencias en este aspecto “es algo vergonzoso”, prosigue, “porque cuando las familias te llaman y te cuentan lo que les pasa, no sabes qué decirles, hay casos increíbles. A veces pienso cómo estas familias aguantan eso, porque hay alumnado que necesitan una atención, al menos así lo dice la legislación, pero luego la realidad es otra”.

Lo que nadie esperaba era que a mediados de marzo, nuestras vidas cambiarían, y en el plano educativo más aún. Profesorado, familias y alumnos han tenido que hacer frente a la pandemia desde la improvisación y abordando un concepto de la enseñanza hasta ahora poco frecuente.

De golpe y porrazo palabras que para muchos eran completamente desconocidas, google classroom, moodle, zoom, meet o microsoft teams, se conviertieron en términos cotidianos para tratar de conseguir un feedback entre alumnado-familia y profesorado.

A través de todas estas plataformas, a las que hay que unir el correo electrónico, Ipasen y el propio whatsapp, la educación ha continuado, si bien es cierto que con constantes improvisaciones por parte de la administración, a la que toda esta situación también ha sorprendido.

“Me gusta quedarme con lo positivo, y creo que nos ha permitido ampliar conocimiento, hemos aprendido a trabajar de forma telemática y con distintos programas que antes apenas habíamos desarrollado”, apunta Manuel, un profesor jerezano.

En esa misma línea se pronuncia Raquel quien valora, por encima de todo, que “todo un colectivo, el docente, se ha podido poner en marcha y sacar adelante materias, contenidos y programación que estaban escritas en los libros pero que han llegado hasta las casas desde otro formato. Hemos estado en contacto con ellos, con vídeoconferencias y tratando de solucionarles cualquier duda”. Incluso va más allá y considera que “todo eso nos ha hecho estar más unidos a los alumnos”.

Este aporte lo corrobora Anabel, otra docente, quien coincide en que “hemos conocido mucho más al alumnado, porque parece que a través de las redes se sinceran más”. Incluso relata anécdotas curiosas con ellos. “Me preguntaban si podían ir al supermercado con sus padres, si debían llevar mascarillas...De todo, por no hablar de las excusas que me han puesto para no hacer a veces la tarea, desde una contractura a que estaba cansado por haber ayudado a su padre”, comenta entre risas.

Aún así, considera que “los alumnos han aprendido a aprender, y sobre todo a desenvolverse de manera autónoma en un entorno digital”.

Durante tres meses, el esfuerzo del profesorado ha sido altísimo, pues el cambio de modelo les ha hecho dedicar horas y horas a sus alumnos. Así, a las clases vía zoom o meet durante las mañanas, se les añadía la preparación de temáticas para el día posterior, corrección de actividades...Todo unido a la constante búsqueda de recursos educativos para afrontar la situación. Aquí, internet ha resultado ser el mejor medio de contacto para las distintas comunidades educativas “porque hemos compartido conocimientos con profesorado de otras comunidades, cosa que antes no se hacía con tanta fluidez”, asegura Raquel.

Términos desconocidos para muchos como ‘zoom’ o ‘meet’ han sido parte de la rutina diaria de muchas familias

La dedicación también ha sido una constante para las familias, que han tenido que compaginar sus trabajos con la educación de sus hijos. Para muchos profesores, “la implicación del alumnado y las familias ha sido fundamental”, si bien, como ocurre siempre, “también ha habido muchos que se han querido beneficiar de la situación (sobre todo a partir de Secundaria), copiándose de las tareas de compañeros”.

No ha sido fácil compaginar el trabajo de casa, el teletrabajo y los hijos”, afirma María, una madre jerezana con tres hijas, que se las ha visto y deseado para “sacar adelante las tareas de todas”. En esta familia, por ejemplo, “la cantidad de trabajo que se les ha mandado a las niñas ha sido, bajo mi punto de vista, excesivo, y en algunos casos sin un criterio, vamos que se veía que el profesor se complicaba poco”. Y es que la vocación, como ocurre en todos los ámbitos laborales, no va con todos.

Dentro de esta situación, la brecha digital se ha ampliado considerablemente durante este curso escolar, ya no sólo en zonas de la ciudad en las que estadísticamente hay necesidades, sino en otras con una calificación media, pero que también se han visto afectadas. “A mí me gustaría poner en valor el esfuerzo de los alumnos porque ha habido muchos que han tenido que hacer sus cosas con el móvil, no tenían ordenador”, reconoce Enrique, otro profesor.

“A nosotros como Flampa nos preocupaba, tal y como nos reconocían algunas ampas, que había niños que durante este tiempo estaban desaparecidos. ¿Estaban haciendo las tareas o no? ¿Estaban atendidos o no? Todo ello con el problema que hubo con los menús y la Junta, que se quedaron tantos niños fuera. Menos mal que entre Ayuntamiento y sobre todo los propios centros los han sacado todo adelante ayudados por particulares y empresas”, admiten desde la Flampa.

En este curso del confinamiento ha habido también, según algunos docentes, “mucha permisividad con los niños, mucho desconcierto, en especial en el tercer trimestre, que ha sido un descontrol. Entiendo que la situación era la que era, pero creo que se ha pasado demasiado la mano, habría que haberse enfocado de otra forma. Aún así, de todo se aprende”, recalca Manuel.

Otro docente, Carlos apunta, en este sentido, hacia la inspección “porque no han querido que se refleje la nota de la tercera evaluación si era negativa para que no saltaran las alarmas, y al final todo es engañar a los propios alumnos”.

Así, como si de una novela se tratase, ha transcurrido este curso escolar 2019/20, un curso que quedará para la historia pero que aún puede tener una segunda fase. De momento, llegan las vacaciones, y lo que tenga que venir en septiembre, llegará. Por ahora, a disfrutar de la ‘nueva normalidad’.

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