Cultura

Simón Partal explora los parentescos entre la belleza y la enfermedad

  • El poeta publica 'Nódulo Noir', su nueva obra en la que ha tomado "otro camino"

Alejandro Simón Partal vuelca en sus libros esa sensibilidad tan propia de los poetas que se disponen a embriagarse ante la vida, aun a sabiendas de que en toda aventura no aguardan sólo destellos, también habrá amenazas. El malagueño (Estepona, 1983) sabe que la hermosura puede herir: ha visto que "un jardinero destroza el rosal / para que la belleza brote / con más fuerza", asume que "siempre que / miramos un álbum de fotos hay tijeras / cerca". Nódulo noir (Renacimiento)se interesa por la seducción de las sombras, por el lado mórbido y envenenado que encierra toda estética. No es casual que por sus versos asome un Montgomery Clift desfigurado, y que el amor descrito en la obra no sea sino un diálogo imposible, encarnizado. "Yo he intentado matar a todo lo que amo", confiesa el escritor en uno de sus poemas, Retal Gurú.

La hondura que se percibe en la lírica de Simón Partal no es nueva: en El guiño de la chatarra, su anterior poemario, el autor ya entendía la escritura como una invitación al abismo. En su prólogo a Nódulo noir, Christina Rosenvinge muestra su asombro por la madurez de una voz que se expresa con una gravedad impropia de sus años, un joven que "vaticinaba el final (propio y ajeno) cuando apenas había comenzado a existir". Para la cantante, otra de las bazas de Simón Partal es la naturalidad de un escritor que no persigue el artificio, que "no es gracioso ni cercano como los que triunfan en los bingos literarios" y que "no puede separar lo que escribe de lo que es".

El poeta siente que en Nódulo noir se ha producido un giro con respecto a su anterior propuesta. "Con tu primer libro corres el riesgo de que sea un cajón de sastre, que allí lo metas todo. Esta vez intenté evitarlo", advierte Simón Partal. No se atreve a decir que ha madurado, "quizás como lector", pero "aunque no sea una obra rupturista, sí veo que he tomado otro camino que me interesa más. En El guiño de la chatarra me reconozco en lo que hice, pero ya no estoy en ese punto", opina. "Excepto para los tres o cuatro grandes, la poesía es un camino, un proceso de evolución. En eso estamos", concluye.

Hay constantes, en todo caso, que transitan de un poemario a otro, entre ellas el coraje con el que Simón Partal se enfrenta a sus propios demonios. Hay pasajes en los que el autor se contempla con desprecio, se queda "arrinconado en el dolor, en la parte más / triste de la serenidad, rodeado de aquellos / espejos de feria que deforman mientras / que afuera es frenesí, vino y vértigo, / y tú ahí, mentecato, con una cabeza tipo bull terrier". Hay desgarro, pero también un extraño placer en el abandono, que impide dejar atrás, definitivamente, ese infierno de no entenderse a uno mismo. "Mi Cruz le dijo a mi cara: / -Tenemos que resucitar. / Ella miró para otro lado, / muy lejos del cielo". La redención no es posible y seguirá el derrumbe, quizás porque "vivir resbalando es una forma / de evitar la caída".

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