Para el hombre libre no hay reja ni alambrada que contenga su vuelo; porque hay terrenos en nosotros que no se circunscriben a la vigilancia de la guardia suiza. Desear la libertad es ya un modo de conseguirla; no hay cárcel que la aprese, ni cadena que la sujete. Los hombres verdaderamente libres han superado, siguen haciéndolo, el espacio restringido que domina el poder. La poesía se abre paso entre los guardianes de la palabra, la música enajena a quienes se aferran al pentagrama, la palabra se esconde en la metáfora y la fantasía huye por los éxodos de la supervivencia. Nadie puede sujetar el viento de la esperanza, por más que pongan barrotes y cerraduras al viejo hombre de siempre ¡Alerta! El hombre espiritual vive el sueño de su libertad hasta conseguirla.

El reto será, entre otros, lograr la libertad en medio de tantos espacios clausurados, entre tantas verjas que circundan con engañosos y atractivos señuelos. Si prescindimos de cierta reciedumbre, fácilmente claudicaremos al envilecimiento de nuestra propia dignidad. ¿Cómo no caer en la flojera y el abatimiento? Es muy importante mantener la llama del corazón, hacer guardia con los fuertes ideales de la libertad para que ningún carcelero pueda destruirlos. Lo hizo Mandela en la cárcel, perseverando libre en su interior e irreductible en su pensamiento. Nadie puede romper la libertad de un hombre que lleva fuertes convicciones y grandes ideales. No lo consiguieron con Sócrates, no pudieron con Séneca y no lo lograron con Jesús de Nazaret ¿Por qué? Porque hay en cada uno de nosotros un núcleo intangible que nadie puede matar, aunque nos maten; que nadie puede esclavizar, aunque nos apresen; que nadie puede hacer desaparecer, aunque nos destruyan ¿Sabes cuál es tu núcleo irreductible, la idea capaz de resistir ante los avatares y envites exteriores que quieren conquistar tu intimidad?

Todo poder, y el que coexiste con nosotros no es una excepción, tiende a dominar a los individuos con estrategias materiales, ideológicas y psicológicas; multitud de asesores cobran sus minutas inventando maneras y modos de dominación sistémica. ¡Cuidado, porque no son tontos ni carajotes! Naturalmente lo hacen sibilinamente. Conocen la historia y no se pueden permitir el error de ser burdos. Afinan en sus métodos y estrategias; y lo hacen, de tal manera, para que, esta sola idea que estoy apuntando, sea desechada y considerada políticamente incorrecta; perseguible incluso. Ocurre, por ejemplo, con el lenguaje inclusivo, con la ideología de género y sus disparatadas terminaciones gramaticales en -o-a-e. Lo que hace unos años parecía una locura, se ha ido inoculando en el imaginario social con vaselina psicológica. Las cadenas entran como los supositorios, y hasta con sabores.

¿Qué nos puede mantener firmes ante el rodillo tiránico del nuevo paradigma social? Tengo claro que no debemos consentir la esclavitud de nadie, venga de quien venga. Lo podrán conseguir por fuera, a fuerza de leyes injustas; de ningún modo consentir que lo hagan por dentro, que rompan la esencia del ser y el derecho inalienable de la dignidad. No podemos ceder a lisonjas ni extorsiones. El hombre es algo más que carne manipulable; tiene espíritu y convicciones que ningún tirano puede extirpar. Los nuevos déspotas, vestidos con piel de lince (especie protegida), quieren quitarnos el alma, pero es una parte intangible que nadie puede doblegar; a no ser que la quieras vender al diablo. Sigo creyendo que el hombre es algo más que anatomía, analizable en los muertos. Dentro hay un algo más contenido, que nos permite escapar a tanta canallada y vulgaridad ideológica a la que estamos asistiendo, y resistiendo. Hay un dintel, una casa puerta inviolable que nos protege de la posible violación de la persona, una libertad interior frente a cualquier verdugo ideológico que 'razonablemente' somete con promesas engañosas y paraísos ficticios… ¡Alerta, Libertad! Te invito a 'un Coca-Cola'.

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