Análisis

pepe marín

Ana María La Jerezana: Cuatro saetas con 50 años

Ana María Domínguez, o lo que es lo mismo Ana María 'La Jerezana', nacida en el barrio de Santiago, hija de Juan Domínguez Pereira 'El Batato', saetera por la gracia de Dios, durante años quiso y pudo cantar a algunas de las sagradas imágenes que procesionan en nuestra Semana Santa, como lo hizo a las de Sevilla y a las de otras ciudades y pueblos de Andalucía. La recuerdo cuando en unión de su esposo, Juan-Luis Jaén (q.e.p.d.) y de Manolo Sevilla -primo de éste-, (también por los cielos azules) se situaba frente a la iglesia de San Marcos cada Lunes Santo a fin de ofrecer sus oraciones cantadas a las imágenes de la Hermandad de la Sagrada Cena y, el Miércoles Santo ante los titulares de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús en sus Tres Caídas a las puertas de la iglesia de San Lucas. La recuerdo especialmente en estas dos -aunque cantó en otras-, por las razones que voy a exponer. Hoy, en el comienzo de esta Semana Santa quiero recordarla ya que, durante años seguí sus intervenciones grabando en un mastodóntico Philips -no había otra cosa-, como parte de mis muchos reportajes semanasanteros para Radio Popular de Jerez. Y quiero traerla a la actualidad -ella continúa felizmente residiendo en Sevilla-, por la coincidencia de que Carmen Sevilla, la de Jerez, hija del que asimismo fue con Eduardo Soto 'Sotito', con 'El Carbonero', Juan Acosta, 'El Guapo' y otros de la época gran saetero, Manuel Sevilla Jaén, Manolo Sevilla, al que la Cátedra de Flamencología de Jerez le honró en su día haciéndole entrega del Premio 'Saetero Mayor de Jerez', tuvo la gentileza de hacerme entrega de un EP en el que se reproducen cuatro saetas cantadas por Ana María 'La Jerezana', tres de ellas con letra del malagueño Ignacio Román, y una cuarta una plegaria sobre letra original de Lorca. Hasta aquí nada hay de novedoso; la curiosidad estriba en que el disco en cuestión fue grabado en 1967, resultando con ello que se cumplen este año de 2017, nada más y nada menos que cincuenta de su aparición. Medio siglo. O lo que es lo mismo sus Bodas de Oro.

Desde hace un tiempo he venido preparado un comentario sobre Ana María 'La Jerezana', pero centrado éste en su carrera profesional en general, -no monográficamente- en la saeta, una parte importante de la misma transcurrió en tierras hispanoamericanas, habiendo llegado a alcanzar grandes éxitos en teatros y salas de fiesta, siempre acompañada por la magnífica guitarra de Manolo Vargas. Ana María solía hacer canción que aflamencaba adornándola con su baile cuando no entraba directamente en el cante flamenco.

La recuperación del comentado EP con cuatro saetas que Carmen Sevilla, la nuestra, la que un día fue reina de la Fiesta de la Vendimia, ha puesto en mis manos, ha hecho que cambiara de idea para centrar mi comentario en la saeta a la que Ana María 'La Jerezana' le brinda el lógico apasionamiento de toda voz saetera, así como el enamoramiento de algo tan bellamente singular como es situarse ante la presencia de un paso sobre el que se alza la impresionante figura de un crucificado o la serena imagen de una dolorosa. Cuatro saetas que cumplen desde su grabación 50 años en este 2017 y que he transferido al Centro Andaluz de Documentación del Flamenco para que, cuantas personas se sientan interesadas en su escucha puedan hacerlo en el silencio de las instalaciones del Palacio Pemartín, Plaza San Juan, 1.

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