Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

Cainitas

¡Qué malo eres, Morata qué malo eres!

Misma madre, mismo padre, pero no nos podemos soportar, un sentimiento de rechazo y envidia nos invade. De manera muy simple esto viene a definir lo que se conoce como cainismo, forma de ser o actuar que es fiel reflejo de Caín, quien mató a su hermano Abel.

El otro día, viendo jugar a la selección española, tras una espectacular jugada de Morata con un control inicial genial, conducción con velocidad y un golpeo precioso ante la media salida del portero portugués, que acabó estrellándose en el travesaño, el público que acudió al Wanda Metropolitano, campo del Atlético de Madrid, comenzó a cantarle a coro '¡Qué malo eres, Morata qué malo eres!'. Os puedo asegurar que sentí una mezcla de pena, rabia, vergüenza ajena y asco. Ni tan siquiera se trataba de una pifia de las que la burla pueda tener algo de justificación. Todo lo contrario, jugadón para enmarcar, al que solo le faltó el gol.

Fuimos, somos y seremos un pueblo cainita por la gracia de Dios y la Patria. Cada día, en el fútbol, en la política, en lo cotidiano, este país, los que somos españoles, vivimos en continuo estado de crispación, de odio, de enfrentamiento y de envidia. Aquello que cantaba Jarcha de 'los viejos... que en este país hay dos Españas que guardan el rencor de viejas deudas' está más vigente, desgraciadamente, que nunca.

Me contó un amigo, que ese mismo partido de España le cogió tomando un café en un bar, que de pronto escucha que un camarero le dice a otro compañero "pon la primera, que ahora juega España", a lo que el otro le contestó: "Yo no pongo a Luis Enrique que no se ha llevado a nadie del Madrid". Más de lo mismo, cainismo en estado puro.

Eso de ser capaz de tener unas ideas propias (políticas, deportivas, religiosas, forma de vivir) y respetar, e incluso llegar a intentar comprender las de un hermano, un vecino, un compatriota que piense distinto, eso parece no formar parte del buen español. En la misma canción Jarcha pregonaba aquello de 'libertad, libertad, sin ira, libertad...' porque cuando metemos en la ecuación de la convivencia la ira, el miedo, el odio, la envidia, la convivencia deja de ser concordia para convertirse en un estado de intolerancia, incomprensión, antipatía.

¿Qué mueve a un aficionado a acudir a un estadio, pagar una entrada y hartarse de gritar en contra de su equipo y sus jugadores? Más aún, ¿qué mueve a miles de personas a acudir a un estadio, pagar las entradas y hartarse de gritar en contra de su equipo y de sus jugadores? Pues como poco, una afición con cierto trastorno emocional.

¡Ah! Si me preguntan por Luis Enrique, os puedo asegurar que no comparto muchas de las decisiones que toma, pero cuando el balón rueda deseo que todo le salga a las mil maravillas porque si eso sucede España ganará.

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