Cuando el Bar Paypa estaba abierto, en la Cruz Vieja, por Semana Santa exponían una muestra de los diversos carteles en España. Cada empresa mercantil, con posibles, editaba su cartel anunciador. Publicidad pura y dura. "libertad" de financiación. Una vez hicieron carteles de los ojos de las vírgenes.

Anualmente iba al Museo del Prado y entre las visitas fijas estaba el Cristo de Velázquez. Fondo negro con una tenue sombra en el fondo, con un cuerpo que exhala luz y donde la copiosa sangre no es el tema principal, sino la serenidad de una muerte aceptada. En contraposición el Cristo de Matthias Grunewald 1470-1528, en Colmar, Francia, retorcido y crispado de dolor. Cada artista expresa sus sentimientos con libertad.

El cartel de ese año vuelve al estilo tenebrista, incluso con una luz diagonal superior de un lado. "Pol", firma el cartel jerezano. Se ha inspirado en el Cristo de la Salud, y añade una corona de rojo coral y unas manos mágicas que parece que retira, sin tocar, la corona. Me inquieta esas manos, como un mago antes de levitar un cuerpo, que me imagino que serán las de Dios-Padre. Quita la voluntad al Cristo de aceptación de la muerte. No es libre para aceptar su tortura. Es sacrificial como la obediencia de Abraham para sacrificar a su hijo Isaac, cosa que Dios no permitió. Es como la predestinación. Libertad de interpretación.

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