Análisis

Manuel Moure

Ciudades, calles, vida, alma

L AS ciudades deben tener alma. Esa alma se la aportan las personas. Una ciudad sin personas, como puede ser el caso de las ruinas de Petra, puede llegar a ser un monumento para la posteridad o un mausoleo de lo que pudo haber sido y nunca fue. Han cambiando nuestros usos y costumbres. Y con ellos los lugares donde vivimos. Los críos ya no juegan en la calle. Los míos, ya crecidos, en pocas ocasiones lo hicieron excepto cuando se desfogaban en el pueblo de su madre. Tenemos ciudades repletas de calles pero les falta alma, vida... Para conseguir que Jerez vuelva a tener vida en su casco antiguo la regeneración (parcial, no se nos olvide) de la plaza Belén es un gran paso. Ahora queda atraer a la gente. Bien cierto es que en muchas ocasiones se atrae a la gente con actividades comerciales pero en cuanto llega la noche el problema vuelve a ser patente. Apostemos por el arte, por profesionales que trabajen y poblen esa noble zona de la ciudad que, de forma perpetua, parece haber sido bombardeada. Plazas sin vida no son plazas, son explanadas.

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