Uno sabe que llega la Navidad porque nos bombardean con anuncios de perfumes en la televisión y el buzón se colapsa de catálogos. Desde hace semanas los niños afilan los lápices para redactar la deseada carta a los Reyes Magos y hay muchos adultos que no saben transmitirles que no es más feliz el que más recibe. A veces me encuentro con familias que han creado pequeños monstruitos (desde el respeto) que sólo quieren romper el papel del regalo y abrir otro, y abrir otro, y abrir... Sin que al final presten atención a nada de lo que Sus Majestades le han debajo bajo el árbol. He visto niños entretenerse más con la caja del regalo que con el propio juguete, y hace unos días, por ejemplo, mi hijo jugaba más feliz con una botella vacía rodando por el suelo que con cualquier otra cosa que había en la habitación. Deseo que los sueños de los más pequeños se cumplan, pero espero que los más mayores sepamos frenar los impulsos de los 'rompepapeles' para que de verdad disfruten de una mágica mañana del 6 de enero.

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