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El dolor, en todas sus formas de expresión, es una experiencia traumática y, a la vez, formativa. Nacemos con dolor, aprendemos a caminar a base de golpes dolorosos, y maduramos cometiendo errores que nos provocan dolor. Otra versión del dolor es el que no merecemos, o aquel que provocan otros, o el que es fruto de una tragedia sin culpables directos. Pero todas las formas de dolor tienen una característica común: fuerzan a una respuesta eficaz de nuestro cerebro para contrarrestarlo. Es ahí donde descubrimos la grandeza del espíritu que nos mantiene vivos, esa energía extraordinaria que ayuda a superar un trance, que nos revitaliza en estados carenciales o traumáticos.
Ante cualquier dura experiencia de dolor, generamos, por instinto natural, una valoración más adulta y positiva de nuestra existencia y, a partir de ahí, aprovechamos cada momento sin dolor, para evitar que algo que no sea físico nos haga daño. Pero el dolor también propicia momentos de profunda tristeza e impotencia, de drama, como el sufrido por el terrible fallecimiento del joven motociclista Dean Berta Viñales en el Circuito de Jerez. Su muerte, con solo 15 años, encoge el corazón, provoca rabia e inmenso dolor, el alma llora sin tregua.
Una pérdida tan dolorosa trasciende a todos los ámbitos, multiplica exponencialmente el propio dolor y, como es lógico, genera también debates que, aún siendo legítimos, casi siempre resultan estériles o dañinos, como plantear si es normal o no correr a esas edades. La respuesta contundente a esa u otras polémicas, la dieron los compañeros del propio piloto fallecido, volviendo a competir al día siguiente en su honor. Con eso está todo dicho. El motociclismo es un deporte con los más altos niveles de profesionalización y avances en materia de seguridad. No señalaré ni haré comparaciones odiosas con otras disciplinas y mucho menos con ciertas actividades sociales. Me basta con el eslogan que portaban en la recta de meta pilotos y organización del Mundial de Superbike: “Siempre en nuestros corazones, Dean”. Porque incluso con dolor, la carrera de la vida sigue…
(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.
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