INGENUIDAD es una de las palabras que, sin rechistar, debimos aprender antes que a dar los primeros pasos, con sus correspondientes caídas. Nos iba la vida en ello. Mejor descubrir con suficiente antelación que nada ni nadie es como parece hasta que se analiza con calma, de arriba abajo, por dentro y por fuera, sometiéndolo a la prueba del algodón, e incluso a un 'tercer grado', si es posible. La enciclopedia ya nos pone en alerta, describiendo a las personas ingenuas o cándidas como: "blanco fácil de inescrupulosos que se aprovechan, manipulan y abusan de ellas". Son  desgracias muy comunes que se originan, entre otras razones, por nuestra temprana tendencia a mitificar desde la infancia. Unos comenzaron con Supermán y otras con Cenicienta, olvidando aplicarnos el cuento en la realidad cotidiana.

Erramos idealizando a diestro y siniestro, sin control ni medida, desde quienes suponemos serán nuestro 'príncipe o princesa azul', hasta actores, deportistas, escritores, políticos, comunicadores, músicos o cantantes, superiores jerárquicos, hombres o mujeres supuestamente ejemplares, modélicos, a los que rara vez ponemos en cuarentena, que nadie se atreva a tocarlos. De ahí vienen después decepciones traumáticas, que yo mismo he sufrido, consiguiendo mitigarlas escribiendo poemas, a los que no he dejado de recurrir tras tropezar una y otra vez en la misma piedra. Aquí dejo uno que lleva por título, cómo no, la mejor solución para el mal de los mitos, 'Autoestima':

Cada iluso puede crear su propio ídolo,

es libre de admirar a un ser curioso

y amarlo incluso.

No es de extrañar que alguien te utilice,

o te lleve encandilado al huerto

para aprovechar tus cualidades.

También pueden ocurrir actos de encantamiento,

pero, más bien, es la ingenuidad que nos traiciona

por escuchar a esos falsos encantadores de serpientes.

Lo más importante es que tengas claro quién te merece.

Si un ser humano valora tus virtudes,

entrégale cada segundo de tu vida.

Cualquier gusano que aproveche la tuya,

intenta que en su transformación efímera a mariposa,

no merezca volar ni un sólo segundo.

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.

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