Estaba usted tan triste en su cuesta de enero, pensando que en poco más de una semana ya le ingresarán el sueldo cuando de repente, en esta globalización de locos, empezamos a padecer un engendro que se llama 'blue monday'. Literalmente se traduce como 'lunes triste'. Y así estamos. Resulta que un psicólogo yankee al que imagino le faltarían unos hervores determinó (nadie sabe cómo y mejor ni preguntarlo, porque hay quienes aseguran que fue fruto de las matemáticas) que el tercer lunes de enero es el más triste de todo el año. Este hombre no conoció jamás un lunes de resaca. ¡Ciudadanos (léase con voz de proclama, bandera al viento y brazos al cielo), ya nos colaron el 'brack friday'! Hagamos lo propio y colémosles a los yankees... ¿? He aquí el problema. Apenas nada les podemos colar pues nos lo han colado todo. Su cultura se infiltra sobre la nuestra de forma terrible. Tan sólo queda cerrar esta columna deseando que en el bodrio ese de sanfermines que suelen celebrar con toros mansos haya veinte contusionados. Corneados no, porque no deseo mal a nadie y, además, porque es imposible.

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