Desdeque la actividad volcánica comenzó a derramar su lava sobre La Palma no he despegado los ojos del noticiario. El avance inexorable del magma resulta tan sobrecogedor como enigmático, por más que la ciencia lo explique. Ver cómo lentamente se aproxima la lengua de fuego a las viviendas, a las vidas, sin que nadie pueda hacer otra cosa que huir, produce desazón, inquietud y misterio. Ese rodillo de bocanadas incandescentes y lomo pardo, como un dragón apocalíptico, talando todo cuanto se pone por delante, expresa en su crujido interno cuán de impotente resulta todo ante el desbordamiento de los fenómenos naturales. Un sentimiento de pequeñez inunda mi pensamiento. Me pongo en el ánimo de quienes ven desaparecer sus pertenencias y siento que el estómago se me encoge, a la par que la ansiedad me abraza. No puedo explicarlo y, sin embargo, estoy seguro que todos me entendéis. Quince minutos para recoger tus pertenencias, quince minutos para que toda la vida se resuma en una bolsa. ¿Qué patrimonio rescatar para que quepa en una talega de basura? Recuerdo la vieja canción de Jara 'la vida es eterna en cinco minutos'. ¡Qué lucidez hay que tener para acopiar la vida en tan poco tiempo!¡Qué sabiduría para calcular los años! Acabo de hacer un inventario de la mía y acaso quepa en 'el ligero equipaje' machadiano. Con todo esto se me ha activado un viejo volcán interno que pensaba ya extinguido y resuelto. Al parecer la erupción de La Palma no tiene bien definido el foco volcánico y aparecen cráteres secundarios, que, a modo de menorah, han emergido como antorchas incendiarias. ¡Qué espectáculo de luz y sonido! que diría la ministra de turismo, frotándose las manos de la rentabilidad derivada, que naturalmente repercutiría en los indígenas damnificados ¡Vivir para ver! Hay momentos en la vida en que la decencia pide silencio ¡por favor! O quizá porque detrás del 'lapsus linguae' (no quisiera tenerlo 'calami') hubiera todo un ideal, como si el vil metal lograra enmendarlo todo; y no, sra. ministra, no todo se soluciona con peculio; y aprovecho para pedírselo en lo que pudiera remediar, que para algo alcanzará, a esos desahuciados forzosos, a quienes la corriente de lava, ceniza, magma y escoria, ha dejado a la intemperie del sentido.

Y como las tragedias no vienen solas, también han eructado las nuevas ideologías, que, con lenguaraz gilipollez, avanzan sobre la débil piel, 'por los años de la edad cansada', de la pobre humanidad maltrecha. Han croado las ranas en el charco para interpretar los fenómenos geológicos acaecidos en Canarias, como si la tierra nos hablase ahora con estertores apocalípticos y finales. Según la nueva religión del cambio climático la tierra, con antropomórfica conciencia autónoma, amenaza al ser humano con dolores de parto o guerra escatológica. Ignoran, por necios, los miles de años en que la actividad volcánica ha sido, y es, uno de las principales causas de conformación de la tierra. Nada saben del Vesubio, Etna, Stromboli, Teide, Hekla, Popocatépetl, Pichincha, Kilimanjaro, Fuji-Yama, Krakatoa, Pompeya, Herculano… Ahora resulta que la Pachamama también se ha cabreado y vomita abyección, mientras nosotros croando pedimos perdón por la maltrecha ecología. Es verdad que la tierra habla, pero no al modo mágico de la irracionalidad. Ya tenemos la ciencia para que nos lo explique y no las corrientes ideológicas (religiosas o laicas) que quieren sacar tajada de todo cuanto acontece. Mientras tanto estaremos esperando que el magma a 1100º llegue hasta el acantilado marino y caiga espectacularmente sobre el agua a 23º 'Será un espectáculo maravilloso' el que queda por presenciar de esta erupción histórica. Todo está preparado para que Mr. Bean sobrevuele el espacio y proponga un tapón de cemento para cubrir cráteres, o algo así, que para eso está la imaginación del marketing, ya que, sin que sirva de precedente, no tiene, el pobre, culpa de que se le hayan confabulado los elementos, como a Felipe II.

Vaya desde aquí la solidaridad, el cariño y el abrazo abierto a los hermanos de La Palma. Para ellos todo el afecto, porque nuestro corazón también ha sido llagado en ese dolor vuestro al que ahora os veis sometidos: dolor del alma, de límite y de impotencia. Dolor humano que a todos nos ha sobrecogido por tanta indefensión y, sobre todo, por esa profunda incomprensibilidad que toda catástrofe conlleva; como la vida misma, que es un misterio.

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