Recuerdo que no hace demasiado tiempo, los pasos eran dirigidos por el capataz y uno o dos contraguías. Aunque parezca mentira, y no soy demasiado viejo, he llegado a ver a un solo contraguía escoltando al capataz, y ambos se bastaban para sacar y pasear con eficacia las cofradías. Este año me ha llamado la atención la cantidad de gente que pulula en torno a los pasos. Es como si se tratase de un cuerpo técnico en el fútbol, pues además del capataz, que sería el entrenador, le acompañan una serie de ayudantes. Y no hablo de dos o tres, que en todo caso serían los contraguías, he llegado a contar en algunas hermandades este año hasta siete personas. Es como si junto al entrenador estuviesen el segundo entrenador, preparador físico, delegado, el analista...Está claro que los tiempos cambian y para bien o para mal, el arte del martillo evoluciona. Ahora bien, me da que tanta profesionalización provocará, porque la historia es cíclica, en un retroceso. No me extrañaría ver pronto a cuadrillas profesionales como hace cuarenta años.

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